IMPRESCINDIBLE, LA PRESENCIA GUADALUPANA EN ESTOS TIEMPOS

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La Virgen de Guadalupe tiene casi cinco siglos de presencia e intervención amorosa en la historia de la patria; no es sólo una imagen –por cierto, generoso obsequio divino impreso en la tilma de Juan Diego–, es disposición y asistencia viva que presta auxilio a los hombres.

Así lo afirmó el Rector de la Universidad Autónoma de Guadalajara, Antonio Leaño Reyes, al inaugurar el III Simposio Guadalupano, organizado por el Centro de Estudios Humanísticos de la institución con el tema de “La Santísima Virgen María y la Evangelización”.

La presencia guadalupana es imprescindible nuestros días, en los que se multiplican los errores y se olvida la fe; en una América Latina enferma a causa de sus propias claudicaciones, añadió el Rector de la UAG.

Dos conferencias magistrales expuestas por el escritor argentino Antonio Caponnetto y el historiador tapatío Juan Toscano García de Quevedo, fueron la actividad medular del simposio realizado en el auditorio “Dr. Luis Garibay” de la UAG.

HISPANIDAD Y LEYENDA NEGRA. “América no se entiende sin el 12 de octubre, sin los Reyes Católicos, sin los conquistadores y frailes, sin el apóstol Santiago, sin las profecías contenidas en la Sagrada Escritura, sin María Santísima. Somos hijos legítimos del mestizaje”, afirmó Antonio Caponnetto.

Dijo que la “leyenda negra” de la Conquista es una mentira institucionalizada, difundida por la masonería en el siglo XIX y aprovechada por el marxismo en el siglo XX, que se dirige a la actuación española en América y es movida por fobias contra la Iglesia.

No está sustentada en hechos, sino en rencores, ataques, reduccionismo, emociones, mitos y una corriente indigenista equivocada. Los pueblos prehispánicos no eran pueblos originarios sino migraciones provenientes de Asia que se fueron dispersando y estableciendo en el continente americano. Algunos grupos tenían costumbres que hoy se consideran crímenes de lesa humanidad, añadió el conferencista.

Caponnetto apuntó los ataques más comunes que le achacan a la Conquista de Mesoamérica: que España despojó de sus tierras a los indígenas, que los conquistadores estuvieron movidos por su sed de oro y que llevaron a cabo un genocidio; ataques a los cuales el expositor opuso sus propios argumentos: el derecho de propiedad no existía entre los pueblos prehispánicos, de hecho fueron los españoles quienes trajeron el concepto de propiedad de la tierra. En cuanto a la “sed de oro”, sería una actitud improbable ya que iría contra la moral católica tradicional, y sobre el supuesto genocidio no existen documentos fidedignos, si bien es cierto que ya había un derrumbe poblacional a causa de las guerras entre los pueblos y las enfermedades, las originarias y las que llegaron con los españoles, “pero nunca hubo un plan preconcebido de aniquilamiento; al contrario, la corona y la Iglesia protegieron a los indios”.

El escritor argentino concluyó en que la Conquista fue un “encuentro providencial”, luego exhortó a los asistentes a superar las leyendas negras y finalizó con una cita del filósofo tapatío Agustín Basave Fernández del Valle: “La Hispanidad es un espíritu y por lo tanto no puede desaparecer”.

LOS FRAILES MISIONEROS. En su exposición, Juan Toscano consideró el año de 1531 como crucial para la evangelización de los pueblos mesoamericanos. En diciembre de ese año ocurrieron las milagrosas apariciones del Tepeyac que originaron la devoción guadalupana y millares de conversiones de indios a la religión católica, y fue también el año en el que el fraile Antonio de Segovia inició la conquista espiritual en la región occidente, lo que hoy son los estados de Jalisco, Zacatecas, Nayarit y Sinaloa. Segovia fue el primer custodio de la Orden Franciscana en la Nueva Galicia y fundó el convento de la Asunción, en Tetlán, junto a Tonalá.

Explicó Toscano que la primera misa oficiada en el nuevo continente fue en 1519, cuando Hernán Cortés llegó a Cozumel procedente de Cuba. Venía con 400 hombres de tropa y solamente dos sacerdotes. Fue él mismo quien le pidió al rey Carlos I que le enviara frailes evangelizadores. Primero llegaron doce franciscanos en 1524 y luego los “famosos 40” que incluían a dominicos y agustinos.

Los misioneros se enfrentaron a una cultura y lengua extrañas para ellos, a la oposición indígena de renunciar a sus creencias religiosas, a la poligamia y el canibalismo, a todo tipo de problemas, dieron ejemplo de vida ascética y finalmente se ganaron la admiración y el cariño de los indios. Los frailes venían con una sola misión ordenada por el papa León X: evangelizar.

Fue en el colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco donde estudiaba Juan Diego, el mensajero de la Virgen de Guadalupe.

Toscano García de Quevedo relató acciones particulares de algunos frailes, como Zumárraga, Martín de Valencia y Motolinía, entre otros, y habló sobre algunas rebeliones indígenas, como la del Mixtón que tuvo lugar en la región zacatecana y otras en diferentes regiones. Ya desde entonces hubo mártires, tanto por parte de los misioneros como de los indios, como es el caso de los Niños de Tlaxcala –Cristóbal, Antonio y Juan–, considerados protomártires de América y canonizados en 2017 por el papa Francisco.

Así mismo, resaltó la monumental obra cultural que hicieron los misioneros en América y particularmente en lo que fue la Nueva España y posteriormente México.

CONOCER LA VERDAD. El hombre actual tiene derecho a conocer la verdad sobre la Conquista, afirmó en un breve mensaje el director del Centro de Estudios Humanísticos de la UAG, Héctor Gómez González.

Afirmó que en el siglo pasado, una revisión marxista de la acción de España en el nuevo mundo fortaleció la leyenda negra y los “crímenes de la Conquista” con un claro propósito: reescribir el pasado para controlar el futuro. Pero la fe y la historia dicen lo contrario.

“La verdad no cambia”, dijo Gómez citando a Cicerón y concluyó señalando que la Historia es maestra de la vida.

La clausura del simposio estuvo a cargo de Jorge Tinoco, organizador de los Simposios Guadalupanos en la UAG.

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