GOLEADA, VOLTERETA O PENALES

POR MARÍA AMPARO CASAR

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Twitter: @amparocasar

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Ciudad de México / Excélsior. A 17 días de la elección veo tres escenarios que, aunque no son igualmente probables, están ahí para ser considerados. El primero es que, como dicen la mayoría de las encuestas, gane López Obrador por un amplio margen. En este caso no veo sorpresas ni actor alguno que se atreva a impugnar la elección. Habría pasado lo que se esperaba.

La incógnita es si su triunfo incluirá o no la mayoría en el Congreso. En caso de que la racha de 7 legislaturas sin mayoría para el partido del Presidente se rompiera, estaríamos en un escenario en el que AMLO podría gobernar con pocos contrapesos. En caso contrario, el gobierno de AMLO tendría que aprender a lidiar con un Congreso adverso si y sólo si su coalición se rompe y si y sólo si no hubiese tránsfugas de otros grupos parlamentarios que se fueran a Morena.

El segundo escenario es que la elección se volteara y el segundo lugar se llevara el premio mayor. Muchas cejas —no sólo las de los morenistas— se alzarían. Lo veo poco probable, pero la idea está basada en el siguiente razonamiento.

Los encuestadores nos recuerdan una y otra vez que las preferencias reflejadas en sus mediciones son sólo un indicador de estados de ánimo y niveles de conocimiento en el momento de llevar a cabo el levantamiento, que nada garantiza que los resultados sean los que prevalezcan a través del tiempo y que no caigamos en la tentación de pensar que no habrá cambios. Aun así, lo cierto es que prevalece de manera casi generalizada la certeza de que AMLO ganará la elección.

Para contrarrestar esta certeza circulan dos argumentos: El primero es que las encuestas en el pasado reciente han fallado. Los ejemplos favoritos son Brexit y Trump. El otro es que la tasa de rechazo —esto es el porcentaje de personas que se rehusó a ser encuestado— oscila entre el 40% y 60% de la muestra seleccionada. Esta tasa de rechazo, se dice, hace imposible tomar en serio los resultados de las encuestas.

Tomando como ejemplo la última encuesta de El Financiero —podría haber sido cualquier otra— se ha hecho el análisis de que la tasa de rechazo es de 47% y que a ello hay que añadir el 15% de aquellos que no saben por quién van a votar o no contestaron para sumar un total de 62%. Esto, se argumenta, quiere decir que el 50% de preferencias que El Financiero asigna a AMLO, el 26 de Anaya y el 19 de Meade son “ficticias” y que los números reales serían de 19, 9 y 8%. O sea, que la elección no está definida. El corolario es que “no te sorprendas si AMLO pierde por un amplio margen”.

No es la primera vez que se argumenta esto. El propio John Ackerman, partidario y asesor de AMLO, esgrimió el mismo razonamiento el 20 de mayo en 2012 en la revista Proceso (https://proceso.com.mx/308173/el-viacrucis-de-pena-nieto/). Cito: “… la mayor parte de la comentocracia insiste en que Peña Nieto es indestructible …parecen ignorar una de las fallas metodológicas más importantes con todas las encuestas electorales: la tasa de rechazo … Para Mitofsky por ejemplo es de 60% … Ello quiere decir que los ocupantes de 6 de cada 10 viviendas visitadas por los encuestadores no son localizables o se niegan a responder el cuestionario. Asimismo, aproximadamente 25% de los que sí contestan se niegan a expresar una preferencia por algún candidato. Es decir, los encuestadores solamente alcanzan a captar la intención de voto de 3 de cada 10 viviendas… Simplemente no sabemos entonces qué opina ni cómo votará el otro 70% … No sería demasiado atrevido afirmar que una gran parte de esta cifra negra seguramente piensa votar en contra de Peña Nieto”. Peña Nieto ganó la elección con menos de 7%. Un margen mucho menor al que le atribuían la mayoría de las encuestas que en junio de 2012 era 15 por ciento.

No me da la imaginación para prever lo que sucedería si la elección se volteara. Sólo sé que no ocurriría lo mismo que en EU con Trump o en Gran Bretaña con Brexit. Con razón o sin ella, los perdedores en México no suelen aceptar los resultados.

Esto me lleva al tercer escenario, quizá tan ominoso o más que el anterior. Supongamos que no gana quienquiera que vaya en segundo lugar —al día de hoy, Anaya—, pero que la brecha con AMLO se cierre a menos de 5% el día de la elección. ¿Aparecería el fantasma de la anulación de la elección presidencial? Una de las causales para que eso se materialice es que la distancia entre el primero y el segundo lugar sea menor al 5% y se haya rebasado el tope de campaña por más del 5%. Los candidatos reportan cantidades mucho menores a lo que realmente gastan y aunque el rebase debe “acreditarse de manera objetiva y material” no sería imposible probar que todos los candidatos han superado el tope. ¿O alguien piensa que realmente AMLO ha gastado el 10.5% de lo permitido, Meade el 50.9% y Anaya el 53.3% cuando sólo faltan 17 días para la elección?

Tampoco me da la cabeza para imaginar qué ocurriría en este escenario, pero estoy segura de que nada bueno. El Congreso (¿qué Congreso, el de ahora o el que asuma el 1 de septiembre?) tendría que nombrar un presidente interino y llamar a nuevas elecciones en un plazo no menor a 7 ni mayor a 9 meses en las que no podría participar la persona sancionada.

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