EL FUTURO DE LA NIÑEZ Y LOS JÓVENES

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POR ARTURO ZAMORA / Cualquier discusión en torno a la educación en México debe tener como punto central el futuro de la niñez y la juventud. Esto es lo fundamental, por lo que una posible reforma o contrarreforma educativa que esté alejada de este principio podría significar un porvenir de mediocridad y falta de oportunidades para las futuras generaciones.

El inicio del ciclo escolar en las escuelas primarias se da en un clima de incertidumbre indigno de una nación moderna, de un régimen democrático y de un país ejemplar en ámbitos de la vida cultural, científica y tecnológica, pero con graves carencias sociales, educativas y de productividad laboral.

Corremos el riesgo de la abrogación de la Reforma Educativa, a causa de una bandera de campaña que radicalizó a los sectores más beligerantes del magisterio, especialmente en el sureste mexicano.

Se soslaya que el gobierno, el Congreso y las autoridades educativas como impulsores de la reforma, junto con los distintos sectores de la comunidad escolar, lograron avances significativos en un campo abandonado por décadas en el que imperaban la discrecionalidad, el patrimonialismo y la molicie.

Los ejes de la Reforma Educativa son claros y están ampliamente avalados por expertos y organismos internacionales: Capacitación permanente como base para una evaluación periódica de los docentes, profesionalización de la carrera magisterial, actualización de los programas de estudio y un régimen laboral responsable y justo.

Cientos de miles de maestros de todo el país, incluidos los estados más renuentes a la reforma, como son Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán, presentaron las pruebas y las superaron con solvencia. Cuarenta mil plazas que se pagaban en forma indebida a los comisionados sindicales fueron recuperadas. Miles de jóvenes maestros ganaron su plaza por concurso y mérito personal, y no por dinero, compadrazgo, amiguismo o la conveniencia de algún líder sindical.

Hoy resulta que todo esto puede acabar en la basura a medida que la nueva fuerza política hegemónica toma sus posiciones: La fracción parlamentaria de Morena en el Congreso federal ya definió la cancelación de la reforma como una de sus prioridades, lo cual también implica el riesgo de que la vieja dirigencia sindical recupere el poder de veto que tenía.

Por lo anterior, resulta deplorable y francamente irresponsable que el futuro secretario de Educación Pública anuncie que los maestros sancionados por no haber presentado las evaluaciones recuperarán su plaza, lo que representaría una violación de la ley vigente. Esto no es de extrañar, el futuro gobierno anuncia decisiones que introducen confusión y generan desaliento y frustración.

Derogar, sin más, la Ley General del Servicio Profesional Docente sería un retroceso en la construcción de un sistema educativo de calidad y basado en el esfuerzo personal, como son los mejores sistemas educativos en el mundo.

Estas medidas podrían condenar a la niñez y la juventud a la mediocridad educativa, así como a la precarización de la fuerza laboral y la informalidad por la carencia de habilidades y capacidades que aseguren un trabajo e ingreso dignos.

Concuerdo con la idea de revisar los contenidos de la reforma y plantear mejoras en su instrumentación, pero abrogarla en pleno ciclo escolar sería un atentado contra el derecho superior de la niñez y la juventud.

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