DÍAS DIFÍCILES EN EL PRI

Por Francisco Garfias

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Ciudad de México / Excélsior. Salíamos de MVS cuando nos topamos con José Antonio Meade. El candidato presidencial de la coalición PRI-PVEM-Panal llegaba a la radiodifusora para una entrevista con el conductor Luis Cárdenas.

En la puerta ya lo esperaba Felipe Chao, vicepresidente de relaciones institucionales de esa empresa.

Lo vimos llegar en un Jetta color rojo. Lo acompañaba el chofer de siempre. Venía sin escoltas, sin su gente de prensa.  Bajó del auto y se detuvo unos segundos a saludar.

De inmediato nos dimos cuenta de que no era el Pepe Toño afable y apapachador de siempre. El gesto serio, la palabra corta, la mirada distraída. La cosa no está para llevar una cara sonriente.

Y es que Meade se había despertado con la encuesta del periódico Reforma que lo coloca muy rezagado (14 por ciento de las preferencias electorales). La medición la encabeza Andrés Manuel López Obrador (33 por ciento), pero ubica a Ricardo Anaya en pleno ascenso (25 por ciento).

—¿Cómo viste la encuesta?, le preguntamos.

—Muy difícil, respondió lacónico.

—¿Y el “acelerón” de Anaya?, insistimos.

—Propaganda, reviró.

Estiró la mano para despedirse antes de que lanzáramos la siguiente pregunta y siguió su camino hacia la cabina de la emisora.

El senador Miguel Ángel Chico no se la perdona a Enrique Ochoa. Ya se sumó a la revuelta en el PRI.

Sin ambages, pide abiertamente la renuncia del dirigente nacional del tricolor, Enrique Ochoa Reza.

“Le ha faltado conocer al PRI. No tiene oficio político. No escucha, ni le pone atención a la militancia. Lo afirmo en consciencia. Asumo la responsabilidad de mis dichos”, señaló.

¿Y por qué el enojo?

Chico aspiraba a ser el candidato del PRI a la gubernatura de Guanajuato. Trabajó duro para ello. Pero no fueron sus tiempos. La decisión del centro recayó en Gerardo Sánchez, exlíder nacional de la CNC.

Miguel Ángel empezó a notar cosas raras cuando el CEN envió a un representante al informe legislativo de su adversario, pero no al de él. Le llamó al presidente del PRI una, dos, tres veces para pedirle una cita.

La secretaria de Ochoa le dijo que estaba “enlistado”, pero nunca confirmó fecha y hora.

Le mandó mensajes vía celular. El vacío.

Le dolió que lo hicieran a un lado así nomás. Le indignó haberse enterado del dedazo que favoreció a Sánchez en una llamada que éste le hizo para invitarlo a su destape.

“El que debió haberme informado es el presidente del PRI. Pudieron habernos llamado al CEN a los aspirantes. Explicarnos que la decisión era por Sánchez. Lo hubiese entendido. Pero no lo hicieron. No hubo operación política”, contó Chico.

Y sacó una frase del ideólogo mayor del PRI, Jesús Reyes Heroles: En política, la forma es fondo. Ochoa no lo entiende.

Al senador guanajuatense ya se le acercaron de Morena y del PVEM para hacerle propuestas. No nos dijo cuáles. Ambos partidos ya tienen candidato en Guanajuato. Una diputación federal no le interesa. Por lo pronto se queda a legislar.

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