¿CÓMO NACIÓ EL DÍA DEL TRABAJO?

0
98

Agencias / Tras los hechos ocurridos en Chicago un día como hoy, pero del año 1886 donde una manifestación de trabajadores contra las injusticias laborales que fueron severamente reprimidos dieron origen a la llamada “Revuelta de Haymarket”, la fecha se volvió clave para los trabajadores, quienes acordaron fijarla como un día de protesta y derecho.

Tales fueron los orígenes del Día Internacional del Trabajo, aunque en México, la conmemoración fue establecida años después.

Fue en el año 1913 cuando se celebró por primera vez el Día del Trabajo en México, con la organización de un desfile en el que participaron obreros que exigían el respeto a sus derechos laborales.

En 1923, cuando Álvaro Obregón era presidente del país, fue que se acordó que el primero de mayo se fijaría como el Día del Trabajo en México; sin embargo, no fue sino hasta 1925, cuando el presidente Plutarco Elías Calles estableció la celebración de forma oficial.

HISTORIA / En 1887, José Martí viajó a Chicago como corresponsal del diario argentino La Nación para cubrir el juicio a ocho anarquistas, socialistas y sindicalistas acusados de asesinato y conspiración. “El juez los sentencia. La policía (…) los aporrea. Tienen frío y hambre, viven en casas hediondas”, escribía el periodista cubano, espantado ante un proceso armado y sin pruebas”.

Los hombres terminaron condenados “como bestias acorraladas” -en palabras de Martí- el 11 de noviembre. Samuel Felden, Oscar Neebe y Michael Scwab recibieron largas penas en prisión. George Engel, August Spies, Albert Parsons, Adolf Fischer y Louis Lingg -quien a último momento se suicidó en su celda- fueron destinados a la horca.

En 1889, un congreso de la Segunda Internacional decidió conmemorar a estos mártires estableciendo en su honor el Día Internacional de los Trabajadores. La fecha elegida no fue la de su muerte, sino el 1° de mayo, cuando junto a cientos de miles de obreros estadounidenses, en 1886, pararon el país para reclamar la jornada laboral de 8 horas.

En la década del 80 del siglo XIX, los obreros norteamericanos pasaban fuera de sus hogares la mayor parte del día. La jornada promedio era de 10 horas, aunque algunos -como los conductores de trenes- trabajaban más de 15. Las experiencias variaban según el Estado, la rama, la fábrica y el puesto.

Los ritmos agotadores constituían otro de los reclamos. Todos los testimonios apuntan a una verdadera disputa por el tiempo. En muchas fábricas, los operarios se quejaban de la manipulación de los relojes por parte de los jefes, que cotidianamente añadían 20 ó 30 minutos más de obligaciones.

Dejar respuesta