El Centro, un reto para Ismael del Toro

FOTOS POR ARATH CONTRERAS Y PAULINA CARO

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Palacio de Gobierno asoma tímidamente entre el material de construcción. La Plaza de Armas fue provisionalmente desmantelada.

La zona metropolitana, así como el resto de Jalisco, tiene nuevas administraciones municipales desde el pasado 30 de septiembre. En dos municipios, Zapopan y Tlaquepaque, habrá sin lugar a dudas continuidad en los proyectos abordados el trienio pasado ya que sus alcaldes –Pablo Lemus y María Elena Limón, respectivamente– obtuvieron la reelección en las elecciones del 1 de julio. Otros nuevos ayuntamientos llegan con planes novedosos que buscarán implementar lo más pronto posible.

Pero en el caso de Guadalajara, al alcalde Ismael del Toro Castro le espera una tarea formidable e ineludible que es la restauración integral del primer cuadro de la ciudad, el corazón no sólo de la capital sino de todo el estado.

Las obras de la Línea 3 del Tren Ligero, aún no concluidas, generaron excavaciones, cierre de vialidades, levantamiento de pavimentos, destrucción de banquetas, desmantelamiento de mobiliario urbano, etcétera, lo que ha convertido a esa zona en un verdadero caos. Sin embargo, ahí siguen (aunque muy empolvados) todos los edificios y espacios que le dan a la ciudad su sabor tapatío. Ahí está el reto del nuevo alcalde: darle brillo al centro de la ciudad, al andador Alcalde, a los edificios públicos, a las plazas y comercios, y no sólo brillo, sino también alegría para que el “centro” vuelva a ser el emblema de la ciudad por excelencia.

El periodista Jaime García Elías escribió en El Informador sobre este tema lo siguiente:

-I-

Más allá de los temas obligados -la inseguridad pública rampante; la calamitosa movilidad urbana; la desigualdad social creciente, a despecho del discurso gubernamental de “el vaso medio lleno”…- Ismael del Toro, al asumir formalmente su cargo como presidente municipal de Guadalajara, pisó callos…

Del Toro incluyó en su discurso una frase que removió nostalgias, por una parte… y repartió reproches (sin decir nombres), por la otra. Fue esta: “Pondré todo mi empeño para hacer de nuestra ciudad una ciudad más tranquila, como la recordamos quienes solíamos pasear y jugar entre sus calles y parques”… Algunos habrán dejado escapar, al escucharla, un suspiro (y habrán recordado los versos de La Culebra Pollera: “Suspiro que desde adentro / te sales a divertir, / si no has de lograr tu intento, / deja mi vida vivir; / suspiro, métete adentro, / qué andas dando qué decir…”); a otros, quizá, les pasó de noche… Luego vendrían los inevitables tecnicismos: la promesa de que se destinarán recursos a “mejorar la capacidad de respuesta de la Policía (…), recuperar los espacios de convivencia social (…) y al mantenimiento de unidades deportivas, plazas, jardines y espacios públicos”.

-II-

Es obvio que lo que Del Toro quiere para Guadalajara, lo quieren, a su vez, para los municipios conurbados con la capital del estado, los alcaldes -incluidos los de Zapopan y Tlaquepaque, que fueron reelectos- de los antiguos pueblitos que fueron devorados por la mancha urbana y ya forman parte indisoluble de la misma… para bien o para mal.

Lo quieren los alcaldes, valga la reiteración, aunque no lo señalaran de manera explícita…, y lo quisieran (así: en modo subjuntivo, al que corresponden tanto las buenas intenciones de los gobernantes como los buenos deseos -y también las dudas…- de los gobernados) los cinco millones de personas -otrora habitantes, hoy sobrevivientes- que residen en ella.

-III-

Repasar la historia de Guadalajara, desde las tres intentonas previas de sus fundadores hasta nuestros días, pasando por la trasformación del “pueblo bicicletero” de mediados del siglo pasado en la metrópoli -whatever that means- en que la convirtió el nacimiento del Tapatío un Millón (actualmente un respetable cincuentón), obliga a considerar que la ciudad -y sus alrededores- fue víctima de su propio éxito; como lo fue, de paso, la calidad de vida de sus habitantes.

Lo que invita a decir, parafraseando el antiguo trabalenguas, que “El Alcalde de Guadalajara la quiere reguadalajarizar; si consigue reguadalajarizarla, un buen reguadalajarizador será”. (Amén).

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