CORELLA, EL MEJOR CATCHER MEXICANO

TXT: ANTONIO RAMÍREZ ÁGUILA

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Jaime Corella, integrante de los Charros de Jalisco, campeones de 1971. Recibió un homenaje por parte del Ayuntamiento de Guadalajara.

Jaime “Flaco” Corella fue parte del equipo Charros que conquistó, en 1971, la hazaña de darle la vuelta a una desventaja de 0-3 en la serie por el campeonato contra los Saraperos de Saltillo, para terminar ganando por cuatro juegos a tres y coronarse monarcas de la Liga Mexicana de Beisbol.

Corella nació en Cananea, Sonora en 1937, y debutó en la LMB en 1958 con los Sultanes de Monterrey, donde militó varios años, pero fue durante su etapa con los Charros de Jalisco cuando participó en aquella temporada memorable. En el partido definitivo, Corella aguantó un duro choque en home con un corredorsarapero, pero a pesar de lo aparatoso del golpe, nunca soltó la pelota y consumó el out en el plato.

Corella fue campeón en dos ocasiones, en 1962 con Sultanes y con los Charros en 1971, pero es recordado principalmente por establecer un récord de fieldeo para un cátcher con porcentaje de .998 en la temporada 1959, marca que hasta el día de hoy sigue vigente.

También vistió las franelas de los Cafeteros de Córdoba, Alijadores de Tampico y los entonces Tigres capitalinos donde se retiró.

Desde 1991 se encuentra en el Salón de la Fama del Beisbol Mexicano y reside en Guadalajara desde hace varios años. Recientemente, el Ayuntamiento de Guadalajara le rindió un homenaje en Palacio Municipal.

Jaime Corella platicó en exclusiva para los lectores de POLÍTICA.

-¿Cómo inició su carrera profesional?

“Después de vivir muchos años en mi pueblo, mi familia se trasladó a la ciudad de Tijuana, donde me integré a equipos semiprofesionales y de ahí di el salto al profesionalismo, en un equipo que se llamaba Arizona-México. En un tryout me descubrieron como cátcher, y gracias a ello logré jugar un año y medio en ese equipo antes de pasar a la Liga Mexicana con Monterrey”.

-¿Cómo era visto el beisbolista en esa época?

“Pues cada quien se forjaba la reputación que quería, si tú eras honorable y honesto contigo mismo por supuesto que el público te acogería de buena manera. Antes, a los estadios iba mucha gente, y ahora solamente van si el equipo está en una buena posición. La gente era muy apasionada y hacía muy buen ambiente, al igual que ahora. Yo he asistido a juegos de los nuevos Charros y la verdad es que se ve mucha afición muy apasionada, sobre todo de comportamiento muy decente, como debe de ser, porque el beisboles un deporte familiar. El estadio de los Charros es una hermosura, el campo está perfecto, al igual que sus instalaciones”.

-¿Cómo se dio su llegada a los Charros?

“En el año de 1969 yo me desempeñé como manager y jugador en Monterrey, y en una cláusula de mi contrato decía que si me cesaban como manager automáticamente era un jugador libre. Así ocurrió y decidí irme a Charros, porque fueron los primeros que me llamaron y porque Guadalajara era una ciudad que a mí me gustaba mucho y que ya había visitado con mi familia”.

-¿Es conveniente ser jugador y manager a la vez?

“Pues son oportunidades que se presentan, pero la verdad es que yo me equivoqué porque aún me quedaban varios años para seguir solamente como jugador. Es demasiado difícil dirigir y jugar al mismo tiempo, yo lo comprobé, y le podría decir a quien quiera intentarlo que lo piense mejor”.

-¿Qué recuerda de la temporada de 1971?

“En ese entonces el playoff se jugaba sólo entre los líderes de cada división (norte y sur), y nos metimos por milésimas a la pelea por el campeonato. Ya en la serie final, llevábamos tres juegos perdidos, pero el cuarto juego, en Saltillo, se suspendió por lluvia y el equipo de Saraperos aceptó jugar una doble cartelera al día siguiente. Nosotros vencimos en los dos juegos para regresar a Guadalajara donde ganamos los dos siguientes y nos coronarnos en el Estadio Tecnológico. Teníamos un gran equipo y nunca decayó el ánimo a pesar de estar a punto de perder. El manager era Benjamín Reyes, casi mi paisano pues era de Nacozari, Sonora, aunque todos lo conocían con el apodo de Cananea”.

 -¿Cómo era la vida de un pelotero de esa época?

“Igual que ahora, viajar y jugar, pero anteriormente eran más duras las temporadas, había más juegos, 140 ó 150 más o menos. Se viajaba en camión o en avión, y a veces en tren. Imagínate lo que era viajar de Monterrey a Mérida, y de ahí era moverse a otra plaza como Tabasco, Campeche oVeracruz, para después regresar a tu casa. En lo económico, pues cada quien vivía como quería según como se administrara”.

-¿Qué opina del nuevo formato de la LMB?

“Han dividido la temporada en dos torneos y entre los dos son 100 juegos más o menos, pero aquí el problema será para la liga de invierno y que habrá un desgaste mucho mayor para los peloteros, vamos a ver si funciona esta prueba y si da resultados favorables, pero para los jugadores no creo que tenga buenos resultados”.

-¿Ha cambiado el beisbol?

“Es un deporte muy estable, básicamente siempre va a ser igual, y el que lo ha jugado siempre lo va a ver igual; las reglas y las pelotas son iguales. Creo que deben agilizar los partidos, antes los juegos más largos no llegaban a las tres horas, y ahora un juego de nueve entradas puede ser de hasta tres horas y media, eso es larguísimo, y sobre todo muy pesado tanto para el jugador como para el aficionado. Cada manager tiene ideología de juego y también pienso que en hay menos riesgos por tantas protecciones que se tienen ahora. Pero es parte de la evolución del juego”.

-¿Qué le hizo falta para llegar a las Grandes Ligas?

“No llegué porque en mi tiempo había demasiada competencia; ahora a los americanos no les gusta tanto jugar de cátcher, porque es una posición muy pesada y por lo tanto es una posición poco peleada en estos días”.

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