¿SIRVIERON DE ALGO LAS PRECAMPAÑAS?

TXT: IVÁN ARRAZOLA CORTÉS

Doctor en Ciencia Política

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La relación entre López Obrador y Ricardo Monreal se vio deteriorada por los procedimientos internos de Morena en la etapa de precampañas.

El domingo 11 de febrero concluyeron las precampañas, una etapa del proceso electoral que arroja aspectos positivos y negativos, aunque sin duda lo que más destaca es la ausencia de un debate profundo sobre los problemas del país. ¿Qué se puede esperar en los próximos meses de campañas, que, de mantenerse al nivel que hasta el momento han tenido, podrían generar fastidio en la sociedad? Esto no abona a favor de la democracia.

A continuación, veremos qué dejó esa etapa de precampañas y qué se puede esperar del proceso electoral en los próximos meses.

La precampaña fue un periodo de 60 días que en esencia debió servir para que los partidos definieran quiénes serán sus candidatos a diversos puestos de representación. Iniciaron el 14 de diciembre de 2017 y terminaron el 11 de febrero de 2018.

El final de las precampañas representa simultáneamente el inicio de otra etapa llamada intercampaña. Durante este periodo los partidos no deberán incurrir en “actos anticipados de campaña”. Inició el 12 de febrero y concluye el 29 de marzo. El artículo 3 de la LEGIPE establece que los actos anticipados son aquellos “que se realicen bajo cualquier modalidad y en cualquier momento fuera de la etapa de campañas, que contengan llamados expresos al voto en contra o a favor de una candidatura o un partido, o expresiones solicitando cualquier tipo de apoyo para contender en el proceso electoral por alguna candidatura o para un partido”. La ambigüedad de la ley seguramente ocasionará que durante este periodo se presenten una gran cantidad de denuncias y se perderá un espacio de tiempo valioso para que los candidatos discutan de cara a los ciudadanos los problemas del país y las soluciones que proponen.

Abundantes críticas recibieron los precandidatos presidenciales durante las precampañas. El uso o abuso en la exhibición de las vidas privadas a través de spots y videos fue un tema recurrente. El uso de las llamadas “campañas emocionales” tuvo el fin de mostrar a los precandidatos en un contexto familiar, sin embargo, el abuso de este esquema desplazó el debate de propuestas. Un fuerte señalamiento hizo el semanarioarquidiocesano“Desde la fe”, que calificó las precampañas como “una verdadera simulación electoral”, donde la ausencia de competencia interna, el escaso o nulo debate y autocritica por parte de los partidos, podría generar escasos incentivos en la población para acudir a las urnas este año.

“Lo que se pretendía que fuera un efectivo acceso a la participación de la ciudadanía, fue reducido a un mero impacto a la masa amorfa de votantes, que no le ha quedado más que ser una destinataria pasiva de mensajes huecos, sentimentalistas, vacíos y sin objetivos en pro del bien común”, señala el periódico de la Arquidiócesis Primada de la Ciudad de México.

El mismo semanario menciona que se perdió una valiosa oportunidad para formar ciudadanía: “Lo que se debió haber canalizado a una real formación electoral para los ciudadanos, se destinó a infundir sentimientos de odio y hartazgo político, que desalientan y confunden, lo cual podría causar apatía en la población, debido a la ausencia de propuestas concretas, sólidas y reales, que puedan sacar del atolladero a nuestro país, y mejorar la condición de vida de incontables ciudadanos que viven en zozobra, angustia e incertidumbre”.

Es un hecho que la falta de una verdadera competencia al interior de los partidos generará saldos negativos para ellos una vez pasada la elección. El partido que podría verse más afectado es Acción Nacional,un partido que históricamente presumió como su principal fortaleza la democracia interna, que inclusive lo llevó a no participar en el proceso electoral de 1976 cuando ninguno de los candidatos consiguió la mayoría de votos necesaria para contender por la Presidencia de la República.

Por la forma en la que se condujo el proceso en esta ocasión, el partido fue incapaz de procesar el conflicto interno que llevó a la principal opositora de Anaya, Margarita Zavala, a renunciar al partido; por lo tanto, es de esperar que la división interna se agudice al interior de Acción Nacional sobre todo si no gana la Presidencia. Esto, sumado al desprecio que varios de sus militantes destacados muestran en diversos eventos en donde rechazan o piden que no se les vincule con la dirigencia de su partido, tal como ocurrió en Jalisco y Nuevo León.

En el caso del PRI, la ausencia de competencia interna impidió a su militancia escoger al candidato de su preferencia, en donde militantes de larga data como Osorio Chong y jóvenes militantes como Aurelio Nuño se quedaron en el camino. Es posible que estos dos personajes se disputen en los próximos meses el liderazgo del PRI, y en caso de perder la elección presidencial, en alguno de ellos se encontrará el futuro de este partido.

Morena por su parte ni siquiera planteó la idea de que su “precandidato” López Obrador tuviera un rival interno; de hecho, utilizó el sistema de encuestas abiertas para designar precandidatos, como en el caso de Claudia Sheinbaum sobre Batres y Monreal para la Ciudad de México. Este desaire a los militantes del partido para elegir a sus candidatos, se suma a la molestia que ha causado el reparto de candidaturas entre deportistas, actores y a personajes que hasta no hace poco estaban ligados a partidos opositores.

En conclusión, ninguno de los tres partidos dominantes ha mostrado preocupación por su militancia y eso, en el largo plazo, puede generar problemas de transfuguismo y división.

Si bien las encuestas arrojan hasta el momento resultados estables, identificando de manera clara a un puntero (López Obrador) y una lucha cerrada para saber quién es el segundo y el tercer lugar, falta aún un largo tramo por recorrer. Es muy probable que en estos meses las descalificaciones, escándalos y señalamientos crezcan.Lo importante en la etapa de campañasdeberá centrarse en la presentación de propuestas, las cuales es necesario que sean claras, realistas y viables. Es importante que el electorado identifique y evalúe a los candidatos por la calidad de sus propuestas y que no sea el voto negativo generado por el hartazgo lo que determine la decisión de los electores.

El saldo que dejan las precampañas es que el sistema no está funcionando como se tenía proyectado, para fortalecer la democracia. Se debe encontrar una fórmula donde prevalezcan las ideas y el discurso político. La complejidad que se le añade al sistema electoral tras cada reforma electoral, la ambigüedad de las leyes y la actitud de los actores políticos, debe llevar a una reflexión profunda y a exigir a los políticos una transformación del sistema electoral, mucho más dinámica y acorde a los tiempos donde la información fluye de manera vertiginosa.

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