Reinventarse o quedar en el intento

POR JUAN CARLOS HERNÁNDEZ

0
40

Ante la voluntad de los electores que definieron el rumbo del país el pasado 1 de julio y aprovechada la oportunidad que brinda el sistema de partidos políticos en la democracia mexicana, lo que viene es una avalancha de funciones, mecánicas y cambios no menos importantes que ya se han cantado, o propuesto pues, por quienes serán los y las responsables de ejercer la Administración Pública Federal, en la que se asoman nuevos paradigmas de gran calado.

México, necesariamente debe contextualizarse en relación a sus pasadas administraciones, entre ellas la que aún está en funciones constitucionales y pese a las críticas, unas sustentadas y otras en la mera opinión frágil y exagerada, se presenta la oportunidad de evaluar los proyectos, programas y acciones que sí han servido al común denominador de los y las mexicanos.

No quiere decir que hayamos obtenido un 10 en la función de la Administración Pública, pero tampoco estamos en el suelo. Por ello, quienes habrán de conformar el nuevo gabinete tienen la responsabilidad de seleccionar lo mejor, en lo posible de sus atribuciones, de las políticas públicas buenas y con resultados que sí aplicaron para bien de los mexicanos, pero también de desechar con estricto conocimiento comprobado lo que no funcionó. Ambas acciones, apegadas a un lógico plan de trabajo en todos los rubros. Este ejercicio demanda discernir entre lo que fue posible hacer y lo que no.

La planeación es un punto crucial en el cual se debe detener con ánimo de mejorar, en el corto, mediano y largo plazo lo que se prevé sea realizable en la inteligencia de las posibilidades y áreas de oportunidad que aún tenemos en este país para crecer y consolidarnos. La avalancha de la globalización demanda competitividad, y por cierto, hay funcionarias y funcionarios con vasta experiencia, aunque también hay que reconocer que en algunas posiciones de los tres niveles de gobierno no se cuenta con experiencia y ello llevará a entender y accionar una curva de aprendizaje. De la mano de algunos asesores esto podría ser más efectivo, sin embargo, la actitud está puesta en un nuevo eje de la función pública que, por razones obvias, genera expectativas de los mexicanos en general.

Algunos y no pocos, creen que van a salir de pobres, derivado de algunas promesas de campaña; que recibirán alguna ayuda para vivir mejor, o si se me permite, para medio vivir en condiciones que no serán superadas, por mucho que tenga la intención la siguiente administración, pues no hay dinero que alcance para subsidiar tanta necesidad, por desgracia. Estas ayudas serán tan sólo una pócima económica a manera de paliativo, para quienes se encuentran en la llamada extrema pobreza. De ninguna manera será una solución definitiva.

Lo que sí debemos esperar es un adecuado manejo de la economía y crecer hasta donde sea posible y dentro de lo deseable. Más que pronosticar porcentajes del Producto Interno Bruto, sería bueno diagnosticar, entender cómo se encuentra la macroeconomía y a la vez prever solventar la microeconomía con proyectos realizables y específicos. Es en la pequeña y mediana empresa donde se mueve el trabajo y liquidez, no olvidando la ya conocida economía informal que va cada vez crece más.

Grande, en verdad, es la responsabilidad del nuevo gabinete que a partir del 1 de diciembre recaerá sobre cada secretaria, por lo que desde hoy resulta indispensable para los nuevos funcionarios capacitarse en las actividades que van a desempeñar. Y tendrán que hacerlo con menos recursos, y hacerlo bien, ese es el reto.

Por lo anterior, nos tenemos que reinventar cada uno en lo personal, en lo profesional y en todo sentido. Mucho se ha comentado que el crecimiento de un país inicia con una buena educación; erradiquemos pues los malos hábitos, entendamos que es mediante la generación de talentos, con virtud y entrega, con sentido ético y práctico en el ejercicio de nuestras responsabilidades en cada familia, cada institución, en cada escuela, sindicato y en todo lugar, como lograremos mejores estados de bienestar tanto en lo personal como en lo colectivo.

No nos conformemos sólo con ir a votar cada tres años, ahora es imperativo estar atentos, colaborar y demandar en las mejores condiciones que nos sea permitido, el cumplimiento de esas expectativas para lograr un mejor país.

La gobernabilidad es importante, pero mejor aún la gobernanza, que nos lleve a salir del atolladero y entonces veremos surgir una nueva administración pública, que deberá y por mucho, estar a nivel de la exigencia de la ciudadanía. La suerte está echada, vamos para adelante.

(El autor es maestrante en Gestión Social y Políticas Publicas).

Compartir
Artículo anteriorCUARTO PODER
Artículo siguiente¿Hay presos políticos en México?

Dejar respuesta