PEÑA RUMBO AL DESTAPE

En la época del autoritarismo, los presidentes en turno decidían quién los sucedería. Hoy las cosas han cambiado. Peña decidirá quién será el candidato presidencial del PRI.

TXT: LEO ZUCKERMANN

Twitter: @leozuckermann

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El presidente Peña Nieto está llegando en buena forma para el momento crucial de la designación del candidato presidencial.

Peña ha comenzado la última parte de su sexenio con dos buenas noticias. Primero, el triunfo del PRI en las elecciones de Coahuila, pero, sobre todo, en su tierra, el Estado de México. Los dos resultados son una bocanada de oxígeno. Segundo, de acuerdo a la última encuesta de Consulta-Mitofsky levantada a mediados de mayo, ya se estabilizó la caída en su popularidad. Sigue baja (sólo el 19% de los mexicanos aprueba la manera como está gobernando), pero ya no cae.

Según esta misma encuesta, para el 46% de la población el principal problema del país es el económico. En este tema también hay buenas noticias. Las variables han mejorado. El gran factor de incertidumbre de la economía mexicana ha sido el rechazo de Trump al Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Hoy existen elementos para estar más optimistas sobre la renegociación de dicho acuerdo. La inflación en México, que se destapó por el gasolinazo de enero y la depreciación del peso, sigue alta (6.16% en términos anualizados a mayo), pero todo indica que durante el segundo semestre se retomará el camino para regresar al objetivo de entre 3 y 4% al año. El tipo de cambio se ha apreciado de manera importante desde enero (de $22 por dólar a $18.05 y probablemente menos en los próximos días). Lo mejor de todo es que la mayoría de los analistas ha revisado al alza su pronóstico de crecimiento del PIB a por ahí del 2% anual. No son números espectaculares, pero sí mejores de los que se preveían a principios del año.

Esto contrasta con lo que está ocurriendo en el otro tema que preocupa, según las encuestas, a los mexicanos: la inseguridad. El 40% de la población piensa que éste es el principal problema del país. Ahí las cosas van mal y con una tendencia negativa. Estamos viviendo los meses más violentos del presente sexenio. Los números de homicidios dolosos y ejecuciones relacionadas con el crimen organizado están alcanzando los peores niveles del gobierno pasado. Desde 2014 la tendencia es al alza y, según los expertos, es muy posible que al final del sexenio de Peña tengamos más muertos que en el de Calderón.

Así está llegando Peña a tomar una de sus decisiones más importantes. Antes, en la época del autoritarismo, los presidentes en turno decidían, por ahí de finales del quinto año de gobierno, quién los sucedería. Hoy las cosas, por fortuna, han cambiado. Peña no decidirá quién será el próximo Presidente, pero sí quién será el candidato presidencial del PRI.

Son tres asuntos los que tendrá que decidir Peña: cuándo, cómo y quién.

Primero, los tiempos. Si el Presidente se espera hasta el año que entra, cuando comenzarán los periodos oficiales de elecciones internas de los partidos, corre el riesgo de que su candidato llegue muy retrasado frente a López Obrador y el posible candidato (a) del PAN. Adicionalmente, entre más se espere, más se calientan los aspirantes, lo cual puede complicar el proceso. En este sentido, Peña tendrá que calibrar muy bien el timing de su decisión.

Segundo: Cómo piensa destapar a su candidato. Puede recurrir a la tradición de que los sectores priistas se pronuncien, de pronto, como por arte de magia, por una persona. Creo, sin embargo, que esto ya no alcanza en los tiempos democráticos actuales. El Presidente debe hacer algo más innovador que jale la atención mediática. No está fácil. Si se percibe como una simulación (recordemos las pasarelas de los aspirantes presidenciales en el sexenio de Miguel de la Madrid en 1987), el PRI puede quedar en ridículo. Si se abre una elección primaria (como lo hizo Zedillo en 1999), el proceso puede dejar heridas que dividan y debiliten el partido. Pero algo diferente tiene que hacer para emocionar a la base partidista y catapultar al candidato priista.

Finalmente, Peña tendrá que decidir lo más difícil: quién. Si bien la economía y la inseguridad son los dos problemas que más preocupan a la sociedad, la tercera preocupación es la corrupción. Este asunto será central en la próxima elección presidencial. Presumiblemente, el candidato del PRI será atacado en este frente tanto por AMLO como por el PAN. Por eso, Peña necesita nominar a un priista que no tenga este flanco abierto. Que no posea un patrimonio sospechoso. Que sea honesto, pues. Muchos piensan que no hay priistas con este atributo. No es cierto. A mí se me ocurren tres que al parecer no se han enriquecido por su paso en el sector público: José Antonio Meade, José Narro y Aurelio Nuño. El problema es que los tres tienen un bajo reconocimiento de nombre en las encuestas. Pero ya dijo Peña, en una reunión con periodistas hace unos meses, que no hay que descartar a los desconocidos por el electorado.

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