OSCURO ORIGEN DE VIOLENCIA POLÍTICA

Inaceptable, la ola de atentados y crímenes en contra de funcionarios y candidatos

TXT: ARTURO ZAMORA JIMÉNEZ

Senador y secretario general de la CNOP

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López Obrador está nervioso. Por eso manda a sus golpeadores a provocar y agredir a las personas que acuden a los eventos políticos del candidato que más está creciendo y lo rebasará, José Antonio Meade.

Los hechos ocurridos recientemente en Puerto Escondido, Oaxaca, constatan esa realidad, pues resulta grave que se vulnere el sistema democrático con expresiones de intolerancia, violencia y cobardía.

El candidato de la coalición Todos por México, José Antonio Meade, se pronunció de inmediato en contra de tales agresiones, a reserva de que la autoridad electoral intervenga con determinación para evitar que continúen presentándose situaciones tan deplorables.

Es imperativo que todas las fuerzas políticas se comprometan a mantener un ambiente de cordialidad y no agresión en lo que resta de la contienda y que asuman el compromiso de respetar el orden institucional, en particular, una vez que se conozca el resultado de la elección que harán los ciudadanos el próximo primero de julio.

El evento de Oaxaca no es, desgraciadamente, el primero que se registra en las campañas, pues refleja una práctica política común entre las izquierdas mexicanas, proclive a la confrontación y la aniquilación de los adversarios.

Lo más delicado de este patrón de conducta es que han aparecido evidencias de vínculos entre la violencia política y la violencia que padece la sociedad a manos de la delincuencia organizada. El caso más grave es el de Ayotzinapa, donde hay indicios de una estrecha relación entre el crimen organizado y los actores políticos locales.

En días pasados, un diario nacional contabilizó 173 agresiones sufridas por los candidatos y su círculo cercano y 79 asesinatos de alcaldes, diputados y candidatos de todos los partidos políticos. En este clima de violencia, no son pocos los que renuncian al cargo o declinan a su postulación por amenazas de la delincuencia organizada.

Los hechos en Oaxaca son una expresión del discurso de confrontación, discordia e intolerancia que ha sembrado López a lo largo del país y un adelanto de la forma violenta en que sus seguidores y devotos militantes de la contra Reforma Educativa van a reaccionar luego de su derrota electoral.

La clase política y las instituciones tienen un serio compromiso, pues deben actuar con honestidad, firmeza, inteligencia, responsabilidad y, desde luego, apego a la ley, para llevar adelante una política de Estado que destierre el cáncer de la delincuencia organizada y la violencia política.

Lo que no debemos perder es la capacidad de asombro e indignación ante estos hechos y, menos, cubrirlos con un manto de silencio, olvido e impunidad.

Todas las fuerzas políticas deben comprometerse y repudiar la violencia, sea cual sea la filiación de las víctimas. Cualquier forma de violencia, física o verbal, perjudica la competencia electoral y afecta el régimen democrático, así como la convivencia social.

Nadie puede ser omiso ante hechos como los registrados en Oaxaca. Pierden los partidos democráticos, los ciudadanos y las instituciones; todos, salvo quienes pretenden lucrar con la educación pública y amenazan con imponer su voluntadsobre la ciudadanía y las instituciones nacionales.

Los mexicanos apostamos a mantener el orden institucional y la paz social, en contraposición a las manifestaciones partidistas que llaman a la violencia y la confrontación. El camino para el desarrollo de México no es la violencia política.

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