MUCHOS SPOTS Y POCAS IDEAS

TXT: DANIEL RODRÍGUEZ FLORES

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Ricardo Anaya y Juan Zepeda, ¿dueto musical o pre candidatos?

Los aspirantes a la presidencia de la República nos han bombardeado con sus spots desde el mes de diciembre y aunque esto apenas empieza, a la mayoría (incluyéndome) ya nos está fastidiando.

Y es que el problema no es que ocupen un lugar en la pantalla o en la radio, sino la banalidad de los mismos. Desde mensajes navideños con sus esposas, hasta la presunción del dominio de dos idiomas, no dan motivos serios para decir si los precandidatos son buenos prospectos para el cargo o no.

Existen muchos analistas políticos que dicen que este tipo de anuncios “emocionales” humanizan al candidato y hacen que la sociedad empiece a identificarse con ellos. Que porque tienen una linda familia, que porque tienen las mismas costumbres, que porque parecen buenas personas, etcétera. Yo difiero totalmente con esto, no sólo porque tratan de decir que la gente elige a nuestros representantes con el corazón y no con la cabeza, sino también porque incentiva a que la elección se convierta en algo intrascendente y carente de propuestas.

Tomarse fotografías en el supermercado o grabarse cantándole Las Mañanitas a la esposa no demuestra nada del candidato, mucho menos da pie a que la gente vote por él nomás por eso. ¿Por qué debería importarnos si el candidato tiene una familia feliz? ¿O si sabe tocar el piano?

Si en vez de gastar millones de pesos en spots publicitarios cargados de sentimentalismo se utilizaran para difundir una plataforma electoral seria y explicativa, las elecciones serían otra cosa.

La gente busca en el candidato alguien que le resuelva los problemas de seguridad y pobreza, no alguien que se ponga a tocar música o que se la pase tomándose fotos cuando come en restaurantes humildes.

Hay quien dice que las elecciones son así porque a la gente no le interesa saber las cosas importantes, pero es más bien porque los candidatos quieren ser así. Nadie quiere ser interrogado por sus plataformas electorales, es más, ni siquiera tienen el deseo de estructurar una plataforma. ¿Por qué promover una elección pacífica e inteligente si puedes desprestigiar a tu contrincante y hacerte ver como el hombre que salvará a México?

Las campañas emocionales promueven el culto a la imagen y hacen que personajes con megalomanía se conviertan en “el candidato perfecto”. Por eso, mientras las campañasse sigan alejando del análisis y la información, las votaciones serán sentimentales y se dará pie a que personajes incompetentes pero carismáticos se conviertan en nuestros gobernantes.

Si las campañas fueran cosa seria y no una contienda de desprestigio y sentimentalismos, muy seguramente tendríamos gobiernos sólidos y, sin lugar a dudas, otro país.

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