MI EXPERIENCIA EN CAMPAÑA

Dan pánico los requerimientos para el día de la elección

TXT: JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ PRATS

Candidato a diputado federal

0
20

Chiapas camina lento. Esta es la primera idea para entender su historia. Al recorrerlo, cobran vida los relatos de Bruno Traven y Rosario Castellanos. En sus municipios indígenas da la impresión de que pudiera reaparecer Bartolomé de las Casas para defender sus derechos.

Su enorme pobreza, su rezago educativo y su forma de hacer política lo ubican muy por debajo de la media del desarrollo del país. El distrito electoral por el que compito, de contrastes abismales, va de Berriozábal a Reforma, a 33 kilómetros de Villahermosa, donde habita gente de casi todo el país, con una actividad económica singular por la presencia del petróleo. Ocotepec es un paraje aislado en el fondo de una abrupta sierra. Francisco León tiene una nueva ubicación, su cabecera original fue sepultada con la erupción del Chichonal en 1982. En Chapultenango y Tecpatán sorprenden sus bellísimos templos del siglo XVI.

Las peticiones de la ciudadanía se repiten machaconamente: medicinas en hospitales, cobertura telefónica, servicio de energía eléctrica, mal estado de carreteras y, desde luego, la inseguridad.

Recorrí los 23 municipios, algunos de ellos varias veces, con una campaña austera, procurando el contacto personal directo, incluyendo el saludo al presidente municipal. Las condiciones físicas de las oficinas públicas distan mucho de lo que debiera ser el recinto de la autoridad.

Apartando lo inútil

y usando lo que sirve,

con su fe veterana

el sur también existe.

Mario Benedetti

He impartido 17 conferencias en algunos de esos municipios, en las que procuro explicar el momento que México vive, la doctrina panista y lo que haría como diputado. Es difícil la comunicación, pues el nexo entre ciudadanía y la clase política está dañado. Insisto en nuestro deber: atender sin atender, no se entiende, y sin entender, el representante popular no sirve.

Distribuí algunas lonas e imprimí trípticos con mis datos y los de mi suplente que repartí de forma personal. Se dice fácil: saliva, sudor y suela para ganar el voto, pero la tarea es agobiante y extenuante. Mi presupuesto —obvio– se quedó corto. En todas partes debe ser lo mismo, el peso del dinero es descomunal.

Me enfrenté con un derecho electoral elaborado con dedicatoria y no orientado por el principio de la generalidad y la presunción de buena fe. Observarlo y cumplirlo es, prácticamente, imposible.Obtuve apoyos, la familia y los amigos me reiteraron una vez más su solidaridad, pero, sinceramente, me dan pánico los requerimientos del día de la elección.

Se cree que los organismos colegiados son más responsables que cuando la tarea se deposita en una sola persona, pero los resultados no lo confirman. Entre muchos, la responsabilidad se diluye. Los integrantes de la mesa directiva de casilla y representantes de partidos y candidatos constituyen un ejército totalmente descoordinado. Al tener todo un precio y no asumirse como deber ciudadano, las peticiones que me han formulado están fuera de mi alcance. Los operadores políticos me dicen que sin esa cobertura la posibilidad del fraude es inminente.

Termino con una anécdota. En algún recorrido, llevé a Reforma a un anciano que pretendía abordar un transporte público. Sostuvimos una plática sabrosa con reflexiones bíblicas y creo haber salido bien librado de sus planteamientos. Al despedirnos me pidió hacer una oración, con emoción cantó un salmo y me solicitó trípticos para repartirlos. Cuando en el parque del municipio arranqué mi tarea, algunas personas ya tenían mi tríptico y habían leído su contenido.

Mientras haya la posibilidad de convencer ciudadanos, vale la pena la lucha. El día de la elección espero que alguien evite la alteración de los resultados electorales.

Dejar respuesta