MÉXICO AL FRENTE: SE ACABÓ LA MÍSTICA

Hay dos patologías que no ha podido superar la política mexicana: el “agandalle” y la “onda grupera”

TXT: JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ PRATTS

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Los griegos solían decir que la ocasión es fugaz y que todo intento es riesgo. Efectivamente, se demostró enorme habilidad política de muchos actores para lograr lo que unos califican de hazaña y hasta de proeza: una alianza entre tres partidos que debió hacerse desde el 2000 cuando el Partido Acción Nacional y Vicente Fox intentaron un acercamiento con el Partido de la Revolución Democrática.

Hay que hacer posible lo necesario y la alianza es necesaria para ser competitivos. El problema radica en el precio y las amenazas en torno a ella. Varios analistas señalan que no hubo diferencias entre el destape de Meade y la autoproclamación de Anaya. Otros hablan del fin de un Partido Acción Nacional histórico e inclusive de traición a sus prácticas democráticas.

Presumo que hubo buena fe para lograr este Frente y de ninguna manera subestimo el esfuerzo por juntar corrientes diversas. Creo también que no es justo hablar de “acuerdos en lo oscurito”, pero me parece que en la instrumentación se incurrió en graves atropellos en la vida interna y en la normatividad.

Hay dos patologías que no se han podido superar: el “agandalle” y la “onda grupera”, como se les denomina coloquialmente en el quehacer político mexicano. No sé qué sea peor: agandallar o dejarse agandallar. Otro refrán de plena vigencia en la política es: “De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”.

El PAN hizo hace cinco años una reforma a sus estatutos con el propósito de democratizarse: la participación de toda la militancia para elegir dirigentes y candidatos. Se anuló el debate de los órganos intermedios y se concentraron atribuciones en la cúpula, lo cual ha generado malestar en las bases panistas. Por otra parte, no se ha encontrado el equilibrio entre los órganos centrales y los estatales.

“La vida me ha enseñado a desconfiar más de los triunfos que de las derrotas”.

BENITO JUÁREZ

Lo sucedido en el ámbito nacional se ha replicado en los comités locales, terminando el partido como rehén de grupúsculos y de dirigentes muy alejados de los principios panistas. En la negociación se debe evitar caer en postular a quien sea, sin cumplir con el perfil requerido, con tal de ganar, deteriorando aún más las instituciones.

De ninguna manera me considero un político romántico o idealista. Estoy cierto de que toda política debe tener una alta dosis de pragmatismo. En algún lugar leí que la historia es política congelada y la política es historia líquida.

En otras palabras, el presente nos obliga a tomar decisiones, pero en el futuro se nos juzgará en cuanto a los resultados. La política es cultura, se hace con ideas, se trata de sumar voluntades. La filosofía panista se sintetiza en el humanismo; es decir, poner a la persona en el centro de la reflexión.

Espero todavía que Acción Nacional tenga una contienda interna. Confío en que quienes anunciaron sus candidaturas sostengan su palabra y se le puedan brindar opciones a los militantes panistas como corresponde a su tradición.

La congruencia es la virtud de la política por antonomasia y hoy más que nunca se requiere de un trabajo interno para cerrar filas. Se ha privilegiado a las fuerzas externas frente al primer deber: cuidar al partido como una institución útil para México, benéfica para el avance democrático. Mal empezamos en una campaña que ofrece ser poco civilizada y nada cordial.

Nuestra experiencia nos indica que las alianzas han servido para alcanzar el poder, no para ejercerlo. Ojalá —y no en el afán de triunfar— se queden principios y doctrinas en el camino. Como bien lo han dicho los ideólogos panistas, eso sería la forma más burda de parecernos a lo que se ha criticado desde el origen y lo peor sería confirmarle a la ciudadanía que todos somos lo mismo.

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