LAS CAMPAÑAS OLVIDARON AL MUNICIPIO LIBRE

TXT: JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ PRATS

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Por muchos años el municipio libre fue tema recurrente del discurso político. Por eso sorprende que haya sido ignorado en las pasadas campañas. Sin una solución al municipio como célula básica de nuestra democracia, no hay solución nacional. Ya se ha dicho: lo global no quita lo local, la grandeza de México está en su provincia, en sus regiones, en encontrar la satisfacción de necesidades básicas de sus comunidades marginadas.

Anoto algunos problemas que tienen al municipio en una profunda crisis.

Los ayuntamientos están sometidos a la extorsión de los congresos locales para la aprobación de sus cuentas públicas y autorizarles presupuesto, así como de los gestores para implementar los programas de apoyo de la federación, de las entidades federativas y, en algunos casos, del crimen organizado.

BASE DEL ESTADO

De acuerdo al Artículo 115 constitucional, el Estado mexicano tiene “como base de su división territorial y de su organización política y administrativa,el municipio libre”.

En 1983 se les concedió el ingreso derivado del impuesto predial, una buena intención de pésimos resultados. Como carecían de potestad tributaria, los ingresos por este rubro se desplomaron al pasar de 2.5 del PIB a 0.2%. Nuestro país es de los que menos recauda en este apartado.

Como ha habido alternancia en casi todos los municipios y debido a los compromisos generados por los partidos en campaña, se incrementa exponencialmente el gasto corriente por la “empleomanía”. El monto de los laudos laborales por despidos sin cumplir con los requisitos jurídicos ha llegado a cifras alarmantes, comprometiendo gravemente las finanzas municipales.

Todos los años, los presupuestos municipales contemplan el pago de alumbrado público a CFE; sin embargo, los recursos muchas veces son desviados a otros rubros o sustraídos ilícitamente, el caso es que la deuda con esta empresa alcanza cifras impagables.

Haber permitido la reelección de alcaldes ha tenido también un efecto perverso, no se piensa más que en destinar recursos para fines electorales y lograr la reelección. Habrá municipios en que la reforma sea positiva, pero en otros ha fomentado el caciquismo y la perpetuación en el poder de personas descalificadas para ejercerlo.

La equidad de género ha degradado la participación femenina, en lugar de enaltecerla. No son escasos los municipios en los que se postula a esposas, hijas y “amigas” de quienes, sin ningún escrúpulo ni recato, siguen ejerciendo el poder.

La cantidad de vehículos abandonados en los estacionamientos de los palacios municipales confirman la mala calidad de los servicios que, de acuerdo con el artículo 115, deben otorgarse.

Difícilmente, las acciones emprendidas por los ayuntamientos para disminuir pobreza y desigualdad pueden ser calificadas como política social, pues en realidad corresponden a burdas e ignominiosas acciones electoreras.

En escasas ocasiones funciona el cabildo, conforme a su diseño inicial de órgano colegiado de reflexión y control. En muchos casos actúan en complicidad con los alcaldes para beneficio individual.

El problema tiene diversas aristas y amerita un planteamiento integral que involucre a los tres órdenes de gobierno para revisar, desde el marco jurídico, hasta las políticas públicas. En buena medida, es cuestión de cultura política.

En resumen, el municipio requiere de un serio replanteamiento que al menos disminuya algunos de los problemas antes mencionados.

Una última reflexión: una vez más se confirma la distancia entre el México legal y el México real. No basta elaborar leyes bonitas que chocan brutalmente con nuestra realidad. Hemos fallado como legisladores y, peor aún, hemos fallado como ciudadanos obedientes de las leyes.

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