LA SOLEDAD DEL PRESIDENTE

TXT: PASCAL BELTRÁN DEL RÍO

Director editorial de Excélsior

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Solía decir Óscar Hinojosa, el gran reportero a cuyo lado me formé hace ya casi tres décadas, que la profesión periodística nada tiene de divertida.

“A mí no me divierte esto, mano”, me dijo un día, casi en monólogo, mientras tundía las teclas de la máquina de escribir en el cubículo que compartíamos.

“Ni que fuera un hobby”, agregó. “Si te divierte esta profesión, no estás hecho para ella. Yo la gozo y la padezco, por partida igual. En el periodismo el gozo y el sufrimiento vienen entrelazados”.

En eso pensé cuando la semana pasada escuché al presidente Enrique Peña Nieto decir a un grupo de preparatorianos que su cargo para lo menos que sirve es para pasársela bien.

Peña Nieto afirmó que algunos piensan equivocadamente que el Ejecutivo “se la vive auténticamente a todo dar ahí, en Los Pinos, disfrutando de los bellos jardines que tiene, que sí los tiene, y de una gran casota”.

Agregó: “La verdad es que para el Presidente, a veces, más bien pasa a ser algo que ni siquiera logra apreciar, ni disfrutar plenamente, porque tal es el grado de responsabilidad que tiene un Presidente que su mente normalmente siempre está ocupada en pensar, en resolver, en tomar decisiones.

“No saben lo difícil y duro que es ser Presidente, porque pesa en una sola persona, en el cargo del Presidente de la República, tomar muchas decisiones, pensando en el bien del país, que no siempre son bien aplaudidas, o bien aceptadas y que a veces son decisiones difíciles”.

Otros mandatarios han escrito sobre la soledad en que vive el Ejecutivo, pero no recuerdo a alguno que haya hablado en público, con tal detalle, sobre el costo personal que significa desempeñar el cargo.

Decidí comentarlo con mi amigo y compañero de páginas José Elías Romero Apis –gran conocedor de la vida personal de los últimos 12 presidentes de México– y a ambos se nos ocurrió que de su pluma surgiera un escrito que se refiriera precisamente a ese aspecto del ejercicio del poder.

El resultado es el texto de Romero Apis que se publicó en Excélsior (edición del 07/06/18).

“La Presidencia de la República no está diseñada para disfrutar. Más bien está acondicionada para sufrir”, sentencia desde el primer párrafo.

“Pienso en la mortal escapatoria de Venustiano Carranza hacia Puebla. En el exilio forzoso de Adolfo de la Huerta y de Plutarco Elías Calles. En Lázaro Cárdenas teniendo un mal sexenio y un solo buen día, así como en Gustavo Díaz Ordaz teniendo un buen sexenio, pero un mal día. Tan mal día que ha durado 50 años y aún no tiene para cuándo acabarse.

“Pienso en José López Portillo recibiendo, en público, la burla popular en forma de ladridos. Pienso en Luis Echeverría soportando una docena de chistes diarios, todo ellos inventados a partir de una inexistente estupidez. Pienso en Carlos Salinas la tarde que asesinaron a Luis Donaldo Colosio. Pienso en Miguel Alemán y en Felipe Calderón los días de los avionazos de Gabriel Ramos Millán y de Juan Camilo Mouriño, que los dejaron sin su amigo, sin su consejero, sin su operador y sin su delfín”.

Podría citar muchos párrafos más de este trabajo de memoria y reflexión, pero preferiría que usted lo leyera.

Si llegó usted hasta este párrafo, quizá esté pensando que yo estoy contribuyendo a compadecer a hombres que tuvieron un inmenso poder y recuerdan con melancolía sus días de gloria.

Nada de eso. Hay juicios muy severos de la historia sobre cada uno de los presidentes mencionados y muchos otros, pero no por ello debe desconocerse la dimensión humana del tema.

Yo me pregunto qué lleva a alguien a querer ser Presidente. La respuesta de cajón es que se trata de “un gran honor servir a los mexicanos”, pero obviamente va mucho más allá de eso.

Por supuesto, olfateo la ambición de poder que comparten casi todos los que han llegado a Los Pinos y los que se han quedado en el intento.

No me compro el discurso de campaña de buscar la transformación de México porque todos sabemos que eso no depende sólo de ellos. Menos aún en estos tiempos de gobiernos sin mayoría y redes sociales en la que la opinión de cualquier discrepante se puede magnificar instantáneamente. Eso que se lo compren los que no saben que desde la Presidencia de la República se puede hacer poco bien y mucho mal.

Y pese a que, como dice Romero Apis, la Presidencia está hecha para sufrir, ahí van esos cuatro hombres en su persecución, como otros lo han hecho cada seis años desde 1934.

No los juzgo. Igual de difícil debe ser para algunos entender que alguien quiera dedicarse al periodismo, que requiere, si se hace como se debe, 18 horas de trabajo al día.

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