HONESTIDAD Y ALGO MÁS PARA GOBERNAR

TXT: JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ PRATS

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Dos personajes de nuestra vida nacional totalmente disímiles se entrevistaron, Porfirio Díaz y Francisco I. Madero, para lograr un acuerdo sobre el futuro del país. Se dice que, al terminar la plática, el viejo patriarca comentó: “Pobre Panchito, cree que con sólo honestidad se puede gobernar México”.

Sin honestidad en el ejercicio del poder, lo demás es intrascendente, pero si se pretende aplicar justicia a rajatabla, se puede provocar una enorme crisis. En las transiciones, la asignatura más difícil es el ajuste de cuentas. En España se determinó una amnistía y no ver hacia atrás. En Chile, Patricio Aylwin señaló tres principios para orientar su gobierno: que aflore la verdad, toda la justicia que sea posible y un ejercicio de reconciliación. Fue criticado por no sancionar a los culpables de la masacre encabezada por Pinochet, pero de haber procedido contra todos los responsables, la democracia habría sido inviable. Eduardo Frey y Ricardo Lagos continuaron esa política. En contraste, el argentino Raúl Alfonsín pretendió fincar responsabilidad a los militares con todo rigor y su gobierno concluyó con una gran crisis.

Imaginemos si el próximo Presidente de la República decide, desde el principio, acabar con la impunidad. Tan sólo investigar la corrupción del actual sexenio implicaría proceder contra cientos de involucrados. Uno de los grandes juristas alemanes, Otto Kirchheimer, en su tratado sobre la justicia política señala: “En asuntos políticos, la justicia es más tenue que en cualquier otra rama de la jurisprudencia, ya que fácilmente puede trocarse en una farsa”.

El gran demagogo es el que habla al hombre de felicidad

y despierta en él el egoísmo y la concupiscencia;

el gran líder es el que habla de sacrificios

y despierta en él el heroísmo.

LEÓN FELIPE

De ninguna manera propongo impunidad o el “borrón y cuenta nueva”. Pero, por mi experiencia y habiendo estudiado a quien considero un presidente honesto y responsable, Adolfo Ruiz Cortines, me permito sugerir algunos principios:

1)No ser cómplice. Quien de alguna manera se involucra en la corrupción, pierde autoridad moral para combatirla.

2) Voluntad para combatir la corrupción con todas sus consecuencias.

3) Hacerlo sin estridencias y aspavientos, pero con eficacia.

4) Fortalecimiento del Estado de derecho con respeto a las normas procedimentales.

5) Dejar que los órganos competentes actúen.

6) Estímulos para el desempeño honesto.

Se debe evitar que el próximo Presidente se convierta en un buen ministerio público y en un pésimo gobernante al distraerse de su principal deber: propiciar paz, seguridad y bienestar social.

Justicia y venganza son una pésima combinación. No podemos caer en el morbo, la perturbación y el resentimiento, en nuestra ya de por sí enconada vida pública.

Vamos a un intenso debate, por lo tanto, es preciso aclarar los términos para evitar confrontaciones estériles. Si evitamos confusiones en el lenguaje, será más factible llegar a acuerdos.

También se habla de cambio de régimen porque pudiera integrarse un gobierno de coalición y porque se acabaría con la impunidad. Aristóteles ya señalaba los distintos tipos de régimen, también de ello habló Montesquieu. Según los teóricos, régimen tiene al menos dos significados: el conjunto de instituciones del Estado y los ordenamientos que regulan la distribución del poder.

La coalición en México no es novedosa y no implica un cambio de régimen. Benito Juárez propició una durante la República restaurada; Ávila Camacho ofreció posiciones al PAN, que fueron rechazadas; Ernesto Zedillo designó a un panista en la PGR.

 

  1. Lo he dicho siempre, Andrés Manuel López Obrador ni es honesto ni es de izquierda ni es demócrata, tan sólo es un gran farsante.

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