GANA TERRENO LA ANTIPOLÍTICA

TEX: IVÁN ARRAZOLA CORTÉS

Doctor en Ciencia Política

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El presidente boliviano Evo Morales, junto con los mandatarios de Ecuador y Venezuela, integran el ala más neopopulista de América Latina.

En décadas recientes se ha agravado la crisis de representación política tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Esta situación ha tenido diferentes desenlaces, dependiendo de la región y del contexto donde se den. A esta crisis hay que agregar los cambios en las preferencias de las audiencias por la amplia penetración de las redes sociales y por el cambio de época que representan la cada vez más amplia comunidad de los millennials. Dichos cambios brindan a las audiencias más alternativas para informarse, pero al mismo tiempo dificultan el seleccionar información veraz. Todos estos elementos obligan a dar una explicación mucho más detallada del efecto que está teniendo el discurso de la antipolítica tanto en la representación como en la percepción de los ciudadanos sobre el futuro de la democracia.

El discurso de la antipolítica va en aumento, esto en gran medida provocado por el descontento ciudadano con la actividad política, la crisis y declive de los partidos políticos y de las legislaturas como instituciones que deberían canalizar y expresar legítimamente la relación entre los ciudadanos y el Estado, así como la desafección general hacia los líderes que actúan como representantes políticos. Todo esto a consecuencia de la diversificación de intereses, promesas incumplidas, incapacidad de las autoridades para atender las demandas ciudadanas en temas de salud, inseguridad, servicios públicos y combate a la corrupción, sólo por mencionar algunos. Los ciudadanos se vuelven escépticos y desconfiados ante el poder público, de tal forma que el discurso durante las campañas políticas se centra en terminar con la partidocracia, en quitar del poder a los políticos de siempre y en votar por personas que tienen realmente la voluntad de cambiar el estado de las cosas.

Este discurso ha encontrado salida a través de distintos canales. En tiempos recientes el primer lugar donde se manifestó de forma contundente este discurso fue en América Latina con el ascenso del neopopulismo. Los países andinos y en general buena parte de los países sudamericanos experimentaron el ascenso de líderes carismáticos, con un discurso anti partidos y antiestadounidense, todos sin excepción realizaron cambios a sus constituciones para mantenerse en el poder a través de la reelección. Hoy en día sólo Ecuador, Bolivia y Venezuela parecen mantener la esperanza en estas figuras. El caso más dramático es el de Venezuela el cual experimenta una crisis política severa. Con independencia de los fines que busca el régimen de Maduro centrados según su discurso en la igualdad de condiciones, lo cierto es que la división al interior de la sociedad venezolana y la inestabilidad económica han llevado a dos millones de venezolanos a salir del país, según diversos reportes. Además, los recientes cambiosconstitucionales parecen llevar a una situación límite a Venezuela, que pueden concentrar tanto poder en el presidente que terminen eliminando cualquier signo de equilibrio y división de poderes.

En el caso de los Estados Unidos se encuentra un fenómeno distinto ya que se trata de una de las democracias más consolidadas, pero que en los últimos años entró en una severa crisis provocada por temas de seguridad y temas económicos. A pesar de la alta popularidad del presidente Barack Obama, éste fue incapaz de resolver los problemas en materia económica que preocupaban a los estadounidenses, lo cual permitió el arribo a la Casa Blanca de un candidato antiestablishment que, a pesar de ser postulado por un partido tradicional, no tuvo empacho en criticar a los expresidentes de los dos partidos por una supuesta incapacidad para hacer frente a los problemas que aquejaban a los estadounidenses. Los problemas que ha enfrentado el presidente Trump se encuentran en la implementación de suagenda: construcción del muro; salida del TLC en caso de no convenir a sus intereses; crecimiento económico; son temas que le ha costado trabajo sacar adelante ya que necesariamente algunos de estos pasan por la aprobación de las cámaras, de tal manera que el presidente está experimentando lo problemático que es gobernar y que el tema de la incapacidad no es exclusivo de un grupo de personas o de partidos, sino de un sistema de pesos y contrapesos.

Por último, está el tema de los candidatos independientes que en México son una novedad. El escepticismo sobre esta figura es grande debido a la variedad de los perfiles de los actores que deciden participar en este esquema. A nivel nacional se hizo uso de esta figura desde el año 2015, aunque han sido pocos los candidatos que han logrado éxito. De los pocos que obtuvieron el triunfo electoral, sus resultados hasta el momento no han hecho diferencia sustancial respecto a políticas aplicadas o la resolución de problemas, como es el caso de Nuevo León. Ni las propuestas se diferencian mucho de las que los partidos tradicionales proponen. O bien, la porción del electorado a la que llegan dichas políticas es tan reducida que el discurso no logra conectar con la mayoría de los gobernados, ya que están dirigidas a un sector más sofisticado. Además, estos movimientos basados en personas más que en proyectos, corren el riesgo de caer en la personalización extrema, de tal forma que terminan incurriendo en las mismas fallas que los gobiernos emanados de partidos tradicionales: la falta de democracia y la concentración de poder en una o en pocas personas. De cualquier forma, habrá que darle el beneficio de la duda a esta forma de representación ya que su creación es reciente, pero hay que advertir los riesgos sobre tales figuras.

Lo paradójico del discurso de la antipolítica es que termina en la misma situación que pretende resolver, que es la crisis de representación. Una forma para tratar de entender porqué es complicado resolver los problemas de representación, es que una vez que los políticos antiestablishment llegan al poder, no hacen modificaciones para mejorar la representación. Si el tema se encuentra en que son los partidos de siempre los que dominan la escena electoral, los cambios que tendrían que hacerse irían en el sentido de disminuir el umbral de representación para que más partidos puedan tener acceso a la representación electoral o en ampliar los mecanismos de representación proporcional.

Otra de las alternativas que podrían incluirse ante la incapacidad de los mandatarios, es la revocación de mandato para de esta forma quitar del poder a los representantes antes de que concluya su periodo legal. Si el tema es la impunidad con la que actúan los gobernantes, se podrían ampliar las causales por las que estos puedan ser sometidos a juicio político o retirarles el fuero. Lo interesante de todo esto es que una vez instalados en el poder, a los políticos antiestablishment se les olvida la razón de ser de su movimiento, creen que todo se soluciona con un cambio de las personas en el poder. Sin embargo, los cambios en la estructura de poder por sí solos no funcionan, necesitan que existan las condiciones necesarias: un poder judicial independiente, una reglamentación adecuada que no ponga candados tan altos que en los hechos impidan hacer cambios, pero tampoco tan laxos que terminen llevando a la inestabilidad. El cambio de personas puede ayudar, pero no es suficiente para resolver los problemas.

El tema necesariamente pasa por la reingeniería de las instituciones, de tal forma que en los próximos meses deberíamos esperar una discusión muchomás amplia sobre este punto y sobre todo, alternativas de solución a los problemas de representación.

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