El petróleo se salió de control

h3>POR ALFREDO ARNOLD

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Escenas insólitas en la reciente crisis: la gente comprando gasolina en recipientes de mano.

 

“Se pudo ver con toda claridad la importancia del petróleo y de sus derivados (…) Las calles se veían semidesiertas; comenzaron a pararse algunas fábricas que no tenían suficientes reservas de combustible; empezaron a pararse las máquinas útiles para la explotación agrícola. De modo que se estaba hiriendo al país en el aspecto más vital de su actividad económica”.

El historiador don Jesús Silva Herzog (padre de Jesús Silva-Herzog Flores) describe en La Expropiación del Petróleo 1936-1938 la afectación general que produjo en el país la huelga de los trabajadores petroleros en 1937: “La falta de gasolina inutilizó automóviles y camiones (…) Los tranvías resultaban insuficientes; las calles se fueron quedando desiertas. Los pocos camiones que podían circular iban llenos de gente, pero los viajes no siempre llegaban a su destino (…) Los aguaceros que cayeron a principios de junio averiaron muchos tranvías, lo cual agravó las dificultades de transporte”.

Largas filas de vehículos esperaban en las cercanías de las desabastecidas gasolineras.

Los textos de Silva Herzog aparecen ilustrados con fotografías de Miguel Casasola, en las que se observan largas filas de vehículos esperando en las inmediaciones de las gasolineras; tranvías atiborrados de elegantes caballeros y refinadas damas apretujados con obreros y ciudadanos de a pie; conductores empujando sus autos que se quedaron parados por falta de combustible, etcétera.

Los tranvías no se daban abasto durante la crisis de la gasolina en 1937.

Cualquier parecido entre los efectos de aquella huelga y el desabasto de gasolina de este enero 2019 no es pura coincidencia.

Incluso ya consumada la expropiación por el presidente Lázaro Cárdenas, comenta Silva Herzog, “se habían ido todos los técnicos, todos los directores de las empresas (petroleras). No había un solo barco-tanque en puertos mexicanos; antes habían cruzado la frontera todos los carros-tanque alquilados y de propiedad de las empresas. ¿Qué hacer? Realmente el problema se presentaba pavoroso”.

México no es el único país que ha sufrido crisis de hidrocarburos. En 1973 la OPEP decretó un embargo petrolero contra los países que habían apoyado a Israel en la Guerra del Yom Kippur contra Egipto. Esta medida fue un parteaguas para Estados Unidos y sus aliados de Europa Occidental no sólo en la forma de relacionarse políticamente con Medio Oriente sino que además produjo profundos cambios sociales y económicos: frenó el programa espacial de la NASA, obligó a los fabricantes de automóviles a incorporar motores japoneses de cuatro cilindros, desalentó la cultura del dispendio energético que prevalecía en aquel tiempo y, a mediano plazo, elevó dramáticamente el precio del petróleo.

A México no lo afectó el embargo de la OPEP, pero sí lo desquició en otro sentido ya que al aumentar desmesuradamente el precio el petróleo, el gobierno de López Portillo apostó todas sus cartas a este sector, con las consecuencias funestas que trajo la súbita caída del precio internacional y que dejó al país en quiebra, devaluado y endeudado.

¿ERROR DE DICIEMBRE?

La guerra contra el huachicol no fue un tema prioritario en la campaña del Presidente López Obrador. Sí lo fue el tema petrolero, pero en otro sentido ya que su proyecto apunta a la reconversión de las refinerías existentes y la construcción de otra más en Dos Bocas, Tabasco. Su objetivo es producir más gasolina para disminuir su importación de Estados Unidos.

Así pues, el desabasto de gasolina que comenzó en los estados de México, Querétaro, Aguascalientes, Guanajuato, Michoacán y Jalisco, y que en pocos días se extendió a la Ciudad de México y en menor medida a otras entidades, tomó por sorpresa a la población, sobre todo en momentos de regreso de vacaciones, entrada a clases, vuelta al trabajo e inicio de la cuesta de enero.

El Gobierno también se sorprendió. La falta de unidad en las explicaciones de la crisis por parte de los funcionarios de primer nivel dejó en evidencia que no se trataba de un plan integral. Se habló de una estrategia para combatir el robo de combustible, un cierre deliberado de los ductos, un fenómeno agravado por las “compras de pánico” y de reiteradas acciones de sabotaje. En cambio, no fue desmentida ni hubo explicación oficial a la información publicada por el periodista Mario Maldonado, columnista de El Universal, quien dio cuenta de una reunión ocurrida en noviembre de 2018, en la que el futuro director general de Pemex, Octavio Romero Oropeza le habría pedido al entonces director en funciones Carlos Treviño que cancelara un contrato de importación de 1.4 millones de barriles de crudo ligero de Estados Unidos, a lo cual Treviño se negó.

Curiosamente, tres días después de que estalló el desabasto, Pemex informó que “de manera conjunta con la SHCP, Petróleos Mexicanos, a través de la Dirección Corporativa de Finanzas, lleva a cabo una gira de trabajo con inversionistas institucionales, analistas financieros y agencias calificadoras, los días 9 y 10 de enero en Nueva York”. Luego trascendió que dichos funcionarios eran el titular de Hacienda, Carlos Urzúa y el director de Finanzas de Pemex, Alberto Velázquez.

Al siguiente día se supo que barcos petroleros procedentes de Estados Unidos esperaban fondeados en Tuxpan, Veracruz la orden para descargar.

Lo anterior, desde la reunión Romero-Treviño hasta la llegada de los barcos parece formar parte de una misma historia aún no aclarada, y a diez días de que estalló la crisis, el Gobierno insistía en una sola versión: la guerra contra los huachicoleros.

HUACHICOLEROS

El Presidente López Obrador afirmó que el robo de combustibles no era un problema desconocido por los ex presidentes Fox, Calderón y Peña. “Era una especie de tolerancia, algo pactado o que se daba por hecho”. Tiene razón, aunque se quedó corto.

El historiador José López Portillo y Weber, padre del expresidente López Portillo, documenta en su libro Nuestras Raíces el saqueo de hidrocarburos que ocurría allá por los años veinte del siglo pasado. En Puerto Lobos, en la laguna de Tamiahua, Veracruz existía un complejo clandestino que contaba con refinerías rústicas, lanchas y líneas marinas para cargar el crudo en los barcos petroleros pirata que se fondeaban cerca de la playa. Personal altamente capacitado se encargaba de realizar las maniobras. Puerto Lobos era el principal cargadero ilegal, pero no el único.

El general Lázaro Cárdenas conoció de cerca el problema ya que en 1925 fue nombrado jefe de operaciones militares en la región petrolera, vivió en Pueblo Viejo (hoy Ciudad Cuauhtémoc) y seguramente esa experiencia alguna influencia tuvo para que decidiera trece años después la expropiación.

Desde Álvaro Obregón, por lo menos, todos los presidentes han tenido conocimiento de este problema.

LA LECCIÓN

Al cierre de esta edición la escasez de gasolina comenzaba a ceder en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Ojalá que el problema ya esté superado y no haya pasado de ser una situación que –diría don Jesús Silva Herzog– “se presentaba pavorosa”.

Pero la lección no se debe ignorar: El petróleo es un bien estratégico de la nación, es un arma capaz de construir y destruir, de impulsar el bienestar o hundir en el caos. En los últimos noventa años ha estado ligado a los mejores y los peores momentos de México. Su manejo requiere prudencia, profesionalismo, transparencia y una política limpia, estable, de largo plazo, inmune a los vaivenes sexenales y a los intereses sindicales.

Tampoco se puede ignorar el avance de la tecnología; el exitoso caso de la producción de etanol y los vehículos “flex” de Brasil debe ser un ejemplo para México.

A casi 81 años de la expropiación, aún nos falta mucho por aprender.

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