EL ESTADO LE HA FALLADO A CHIAPAS

TXT: JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ PRATS

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El 12 de septiembre de 1824, Chiapas decidió libremente unirse a la República Mexicana. Actualmente es uno de los estados con más retraso social en el país y marca la frontera sur con Guatemala.

“Chiapas… es célula infinita que sufre, llora y sangra”, verso de EnochCancino, muy apropiado para este momento.

México está viviendo graves retrocesos. Me recuerdan las primeras décadas de nuestra vida independiente. Jesús Reyes Heroles las denomina “la sociedad fluctuante” y Enrique González Pedrero las llama “sociedad de fuego cruzado”. Ahora, hemos llegado a la paranoia y al egoísmo. Chiapas es un ejemplo de este retroceso.

Bruno Traven y Eraclio Zepeda han descrito ese estado como atrapado en las más abyectas inercias del pasado. Los chiapanecos siguieron luchando porque nadie les informó que la revolución había concluido. Tal parece que su reloj camina más lento que el nacional.

En el año 2000, desapareció el dominio del poder presidencial sobre los gobiernos estatales. Era el único contrapeso para impedir el abuso de los gobernadores. Hacienda controlaba las finanzas y Gobernación impedía, de cierta manera, desmanes políticos.

Eran factores reales de poder dado el vacío jurídico de nuestro precario federalismo. El resultado es desalentador: las finanzas estatales están seriamente comprometidas y los gobernadores se han preocupado más por su beneficio personal que por el de sus gobernados.

Las instituciones estatales, desafortunadamente, han sido sometidas faltando a sus funciones de contrapeso y vigilancia.

Pablo Salazar gobernó con represión y corrupción y, acudiendo al fraude electoral, impuso a Juan Sabines. La justicia fue benévola con Salazar: sólo estuvo 20 meses en la cárcel. Sabines, cuya influencia política permanece, impuso candidatos en todos los partidos, pero benefició al más manipulable: Manuel Velasco Coello, quien lo protegió del mayor derrumbe financiero registrado en la entidad.

Velasco intenta seguir el mismo rumbo: creó dos partidos estatales, negoció con Morena la postulación de quien fuera su presidente del Tribunal Superior de Justicia, Rutilio Escandón, y está buscando por todos los medios que el Frente por México postule a su delfín, Eduardo Ramírez Aguilar, quien, como diputado local, se encargó de aprobar sus cuentas públicas.

Para ello, Velasco utiliza lo que el jurista Otto Kirchheimer define como “El tradicional asno de Filipo de Macedonia, cargado con sacos de oro, que hace poco ruido y deja pocas huellas tras de sí”.

La entidad tiene finanzas saqueadas, servicios públicos deficientes, educación de fachada, política prostituida y fragmentada, gobernabilidad endeble, pueblo desmoralizado, gobierno pasmado, violencia latente, Estado de derecho ausente, miseria y desigualdad ancestrales, discriminación racial cotidiana. Se le han hecho muchas afrentas y vive una sórdida lucha por el poder.

En esta realidad, Por México al Frente debate quién debe ser su candidato a la gubernatura. No tengo ninguna duda. El de mejor perfil, por su carrera, por su experiencia, por su penetración y conocimiento de la realidad chiapaneca, es José Antonio Aguilar Bodegas. Los otros candidatos, ni de lejos, se aproximan a lo que el estado requiere.

No es un hombre que hará milagros, habrá de comenzar por un profundo trabajo de cultura política con el propósito de sembrar principios y valores para disminuir los males que aquejan ese estado. Confío en que los partidos que integran esa alianza hagan un análisis serio de la trascendencia de esta decisión que, en mucho, repercutirá en la vida nacional.

Chiapas es un estado de enorme complejidad, que se adhirió (único caso) voluntariamente a la República Mexicana. Lo mínimo que podemos solicitar es respeto al pueblo chiapaneco dándole opciones para un buen gobierno.

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