Dos nuevas refinerías; ¿se puede?

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Rocío Nahle García, zacatecana, ingeniera petroquímica y diputada federal por Morena, estará al frente del sector energético del próximo Gobierno.

REDACCIÓN / AGENCIAS. El próximo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador prometió a lo largo de su campaña la construcción de dos refinerías para reducir la dependencia energética de la gasolina y otros combustibles que actualmente se importan y que, debido a su costo, tienen un fuerte impacto en la inflación.

Rocío Nahle, quien se perfila como responsable del sector energético en el equipo presidencial, estima que ambas refinerías tendrían un costo de 6,000 millones de dólares y su construcción duraría tres años. El plan energético completo será anunciado dentro de unas semanas.

México cuenta con seis refinerías, de las cuales dos producen muy por debajo de su capacidad y otra está prácticamente inactiva. Se estima que 6 de cada 10 litros de combustible que se venden en el país provienen del extranjero, principalmente de Estados Unidos.

PLANTA ACTUAL

Las seis refinerías que tiene México actualmente, y sus respectivas capacidades de producción en miles de barriles diarios (mdbd), son las siguientes:

REFINERÍA            mdbd

Cadereyta             275

Salamanca            245

Tula                        315

Madero                 190

Minatitlán             185

Salina Cruz            330

El proyecto, sin embargo, no parece ser del todo viable. Durante el sexenio de Felipe Calderón se inició la obra de la refinería Bicentenario, en el estado de Hidalgo, pero el proyecto se abandonó al iniciar el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Ixchel Castro, analista energética de la consultora Wood Mackenzie, y Gonzalo Monroy, director general de la consultoría energética GMEC, consideran que las dos nuevas refinerías en Campeche y Tabasco, son irrealizables, por lo menos en el plazo que establece López Obrador. Los argumentos que ofrecen Castro y Monroy en una entrevista de la revista Forbes, son los siguientes:

POCO TIEMPO. Con las condiciones ideales, por ejemplo, que México contara con la mejor flota de construcción líder del mundo, el proyecto avanzaría considerablemente, pero la futura administración posiblemente no llegue a inaugurar los proyectos en terrenos de Atasta, Campeche y Dos Bocas en Paraíso, Tabasco.

“Esperamos un tiempo de construcción de entre 5 y 6 años para un proyecto de este estilo en el que todo funcione adecuadamente. En el mejor de los casos, si se anuncia el plan de refinerías, prevemos que inicie operaciones hasta 2023 ó 2024”, estima la experta.

Además, este tipo de proyectos requiere de licencia social y ambiental. “A menos de que se quieran brincar eso, las licencias tardan al menos 18 meses. Ni siquiera han perforado tierra. Tan sólo la licencia, si se hiciera lo más eficientemente posible, tomaría dos años antes de que pongas la primera piedra”, añade Gonzalo Monroy.

COSTOS. Para Castro, el desembolso estimado de las refinerías, seis mil millones de dólares, parece conservador.

“Estimamos que supere el costo, sencillamente porque los precios de construcción en América Latina son más altos, además hay que considerar los retrasos, lo que incrementaría el costo de operación”, advierte la analista.

Un factor adicional serían los aranceles decretados por el gobierno de Donald Trump al aluminio y acero. Para una refinería con capacidad de 150,000 barriles como la de Salamanca, esenciales para la refinación, el costo podría dispararse hasta 12,000 millones de dólares. Si se construye una con capacidad para 300,000 barriles, más grande que la de Salina Cruz, la cifra llegaría hasta 16,000 millones de dólares. “Es casi el triple de lo que habían presupuestado”, afirma Monroy.

BAJA PRODUCCIÓN. Otro punto clave es la producción de petróleo. Con el declive del mega yacimiento Cantarell, Pemex ha enfrentado múltiples problemas para mantener su producción alrededor de los dos millones de barriles de crudo diarios.

“Si el gobierno de López Obrador planea que Pemex haga todo a su ritmo, el panorama no es muy halagüeño: la producción va a ir a la baja, y si no puedes garantizar esa producción de largo plazo para estas refinerías, tienes un problema bastante grave”, según Monroy.

Aunque con la reforma fiscal el gobierno redujo la dependencia con los ingresos petroleros, estos aún aportan cerca de 15% del presupuesto. “Si nuestro país deja de exportar crudo para meterlo a las refinerías, es todavía más grave porque entraría en un problema de finanzas públicas donde Carlos Urzúa y Alfonso Romo (cabezas del gabinete económico de AMLO) van a poner el grito en el cielo”, agrega el analista.

Además, Pemex ya tiene comprometido un volumen de crudo para sus complejos refinadores, por lo que tendría que importar 200,000 barriles diarios de crudo aproximadamente para tener suficiente energético en las nuevas refinerías.

“Lo que estaría haciendo es sustituir la importación de gasolinas por crudo”, dice Castro.

¿Y la modernización de las seis refinerías existentes?

Aunque la Secretaría de Energía reconoció en sus perspectivas energéticas que se necesitaba una capacidad adicional de refinación por 275,000 barriles de combustibles en el corto y mediano plazo, se enfocó en la reconfiguración y modernización de las plantas existentes.

La última que se construyó fue Salina Cruz en 1977, dos años antes de que arrancara la explotación de Cantarell y toda la sonda del Golfo. Desde entonces, no se pensó en la reconfiguración de refinerías comenzó hasta 1998, cuando Pemex comenzó a obtener más petróleo crudo pesado, mientras que su infraestructura estaba diseñada para petróleo ligero.

Esta situación ha puesto de cabeza el Sistema Nacional de Refinación, además de los paros no programados tras fenómenos naturales como el huracán Harvey y los sismos de septiembre de 2017.

“Pemex está en una situación complicada y apremiante, con una producción que va a la baja, con reservas petroleras a la mitad de hace seis años, y con prospectos que no son tan prometedores y halagüeños que nos hagan saltar de gusto. Si queremos regresar a las glorias pasadas donde la petrolera lo podía todo, es un escenario que ya no se sostiene. No le va dar el tiempo ni el dinero”, agrega Monroy.

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