DECIDIR SIN ENOJO

Los peores errores se cometen cuando una persona actúa enojada. El 1 de julio hay que votar con inteligencia

TXT: ARMANDO RÍOS PITER

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Ciudad de México / Excélsior.-El país está enojado.La molestia, la irritación, se expanden por las mesas familiares, por los espacios de trabajo, en los círculos de estudio y en las reuniones de amigos. Las redes sociales, espacio indiscutible de libertad, demuestran, sin lugar a dudas, este sentimiento:la sociedad mexicana está enojada.

Y no es para menos. Los ejemplos de corrupción en distintos espacios de gobierno, así como la impunidad que los acompaña, han sido tan alarmantes que la sociedad se manifiesta principalmente por un rechazo al PRI como partido en el poder. Sin embargo, ese enojo no puede sintetizarse en sólo un partido.

Hay ejemplos dramáticos en gobiernos de todos los colores. No sólo con el PRI, en lugares como Veracruz, sino también con el PRD de Guerrero, con la desaparición de 43 estudiantes normalistas, o con el PAN en Sonora, con la presa del gobernador en su propio rancho; o con Morena en la delegación Tláhuac, involucrada con el narcomenudeo en la Ciudad de México. El problema está en todos los partidos. Todos han puesto su granito de lodo para sembrar el terrible enojo que invade a nuestra sociedad.

Si a esto le añadimos la terrible confusión ideológica que conllevan las coaliciones partidistas, donde un partido evangélico como el Partido Encuentro Social hoy está fusionado con partidos populistas de izquierda como Morena y el PT; donde antiguos adversarios ideológicos, como fueron el PAN y el PRD con Movimiento Ciudadano, hoy son socios en algo maleable y poco consistente como el llamado Frente por México, entonces, el perfil de las cinco personas que están en la boleta cobra una relevancia fundamental.

El próximo primero de julio habrá que elegir entre Margarita Zavala, Jaime Rodríguez, Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador y José Antonio Meade, ¡no hay más! Todos tienen formación y experiencia diferentes. Evaluar sus capacidades y lo que significan las mismas es fundamental para poder decidir quién es la mejor opción para gobernar al país durante los próximos seis años.

Cuando los comparamos uno a uno con objetividad, resulta evidente que las responsabilidades que varios de ellos han tenido son pequeñas y muy limitadas. A manera de ejemplo, Anaya ha tenido una meteórica, pero muy corta experiencia política que no abarca más allá de cinco años. Su cargo de mayor relevancia como presidente de Partido Acción Nacional dejó una notable división con cuadros históricos de ese instituto. Como legislador y dirigente partidista apoyó reformas y acuerdos que hoy desconoce.

Por otro lado, está Andrés Manuel López Obrador, quien se ha mantenido como un líder de oposición desde hace 12 años tras haber sido derrotado en 2006. Su permanencia en el escenario nacional ha destacado más por sus calificativos peyorativos a quienes no piensan como él. Aquello que no coincide con él significa ser “mafia del poder”, “señoritingo” o “pirrurris”. A lo largo de dos sexenios, jamás ha estado sentado en las mesas de diálogo nacional. Su liderazgo social se fundamenta más en el rechazo y el desconocimiento a lo realizado en los dos últimos sexenios que en sus aportaciones para construir espacios de avance.

José Antonio Meade ha tenido una amplia experiencia en el servicio público. Su trayectoria por cinco secretarías de Estado a lo largo de los últimos cuatro sexenios lo ha llevado a estar sentado en la construcción prácticamente de todos los acuerdos que se han realizado en México. Su capacidad de diálogo ha quedado manifiesta en la construcción de acuerdos con el Congreso y con actores de la más distinta índole: liderazgos campesinos, empresariales, legislativos, etcétera.

Hoy que necesitamos ante todo capacidad de diálogo, estos son ejemplos claros de lo que debemos evaluar. Necesitamos un líder que logre conciliar visiones, con capacidad de escuchar y construir con todos.

Por eso hay que decidir SIN enojo. Hay que tener claro que los peores errores ocurren cuando una persona decide enojada. Los peores regaños a los hijos, las peores ofensas entre parejas, las peores decisiones en el trabajo, etcétera. Por ello, por más justificado que pueda ser el enojo, no debe ser la fuente de una decisión tan importante como elegir quién será nuestro próximo presidente de la República.

Sin enojo, es claro que Meade es nuestra mejor opción.

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