DE LA FARÁNDULA A LAS CANDIDATURAS.

TXT: DANIEL RODRÍGUEZ FLORES

0
268

Hace ya casi tres años, nos
enteramos en las noticias
cómo una famosa y exitosa
actriz mexicana se convertía en una
de las diputadas plurinominales por
el PRI. Las críticas a Carmen Salinas
han estado presentes desde su toma
de posesión, sin embargo, ella no ha
hecho nada para calmarlas. Y cuando
faltan tan sólo unos meses de su
salida, la polémica diputada aún sigue
comportándose como una diva en el
Congreso, insultando y descalificando
a todo aquel que la cuestiona.
Desgraciadamente, a pesar de los
muchos señalamientos ante este tipo de
cuestiones, los partidos políticos siguen
realizando selecciones extrañas y poco
serias de quienes serán sus candidatos,
y en cambio ponen a individuos como
Cuauhtémoc Blanco y María Elena Saldaña
(La Güereja) en la boleta. El problema
no es si fueron deportistas o bailarines,
sino su falta de conocimiento en
los temas públicos.
Para los partidos políticos, tener a estos
personajes como candidatos significa
un ahorro en publicidad, pues la mayoría
ya conoce a un Sergio Mayer o un Eduardo
Capetillo, lo que automáticamente
le da más posibilidad de obtener votos,
comparados con aquellos que apenas se
adentran a la política, o no son tan conocidos.
Ciertamente, existen personas que
dicen que estas acciones son una demostración
de la pluralidad en la política
mexicana, pues sin importan cuál
es tu carrera o a qué te dedicas, puedes

votar y ser votado. ¿Pero, a qué precio?
¿Realmente beneficia a los mexicanos
tener candidatos que no han terminado
ni la preparatoria o han trabajado toda
su vida en áreas completamente ajenas
al servicio público?
¿Sabrán los deportistas sobre la estructura
y funciones del Poder Ejecutivo?
¿O un bailarín de shows “sólo para
mujeres” conocerá sobre presupuestos
públicos, licitaciones, rendición de cuentas?
Lo más probable es que no, por lo
cual es absurdo invitar a personas populares
pero políticamente incompetentes,
a ocupar altas esferas de gobierno.
Nuestro país es un vasto mar de problemas
públicos y personas que no tienen
la capacidad ni el conocimiento para
enfrentarlos, las cuales no deberían representar
a los ciudadanos en las cámaras.
Si queremos tener buenos legisladores,
deberíamos empezar a exigir que los
candidatos tuvieran por lo menos una
licenciatura o, eso sí de rigor, una noción
avanzada de los cargos por los que contienden.
La ley está abierta para que campesinos
y obreros, quizá con poca instrucción
formal pero con experiencia en la
problemática de sus áreas o de sus comunidades,
pueda llegar a las cámaras
y defender desde ahí a los grupos que
representan. Eso está bien, pero se hizo
con criterio antiguo, cuando la educación
era un privilegio para las elites de
nuestro país. Hoy, los líderes obreros y
campesinos, para seguir con el ejemplo,
cuentan con títulos universitarios.
Existe libertinaje por parte de los
partidos en la asignación de candidatos;
en algunos casos se trata de venta de la
franquicia y esto sólo provoca que personajes
sin conocimiento entren por la
vía plurinominal a aprender, y cuando
aprenden, ya concluyó su cargo. México
no debe ser laboratorio de pruebas para
tener improvisados en el gobierno.
¿Acaso no tendríamos mayores oportunidades
y mejores leyes si fueran individuos
más capacitados los que estén en
el gobierno? Un gobierno con personas
capacitadas sería un gobierno de leyes y
no de individuos. Un gobierno que sepa
resolver los problemas públicos y no gaste
en vano millones de pesos en programas
fallidos desde sus inicios, un gobierno
que deje de ser populista para ser un
gobierno de resultados.
¿Acaso no sería más fácil promover la
educación y el estudio si nuestros gobernantes
ponen el ejemplo? Necesitamos
representantes que sepan lo que están
haciendo. Abramos paso a los jóvenes
y personas con un alto interés en la política,
¿Por qué cerrarse a un grupo de
personas que no han salido jamás de los
reflectores? Demos paso a que los verdaderos
ciudadanos y militantes de a pie
puedan empoderarse y darles mayor número
de candidaturas, pues estoy seguro
que más de uno de ellos harían mejor labor
que una Carmen Salinas o una Ana
Guevara.
Es necesario romper con este problema
que en realidad contiene un círculo
vicioso: Si para triunfar en política y hacerme
rico no hace falta estudiar, ¿entonces
para qué estudio?

Compartir
Artículo anteriorLA MUJER, LEJOS DE LA PRESIDENCIA
Artículo siguienteAMOR 365

Dejar respuesta