CRECEN LAS DUDAS EN TORNO A ANAYA

TXT: ARTURO ZAMORA JIMÉNEZ

Senador y secretario general de la CNOP

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Ricardo Anaya no responde a ninguno de los cuestionamientos que le han hecho.

El periodo destinado a conseguir el voto de los militantes para obtener las candidaturas oficiales a la Presidencia de la República ha culminado con la confirmación, ante la ciudadanía, de la verdadera personalidad y calidad moral de López Obrador y de Ricardo Anaya, las cuales contrastan con la campaña ciudadana de José Antonio Meade y el notable avance en su nivel de conocimiento del electorado, en sólo 60 días de precampaña.

¿Qué diferencia existe entre la famosa frase “Ya cállate, chachalaca”, lanzada por el señor López contra el presidente Vicente Fox, el 16 de marzo de 2006, y el tuit publicado por el dueño de Morena contra Jesús Silva-Herzog Márquez, el pasado 6 de febrero, llamándolo “secuaz de la mafia del poder, articulista conservador con apariencia de liberal”?

Han pasado doce años entre un episodio y otro, y ambos revelan una patología latente, la peligrosa represión de un impulso y años de rumiar y de reprimir instintos que sólo aguardan el asalto al poder para actuar de manera desenfrenada.

Ricardo Anaya, por su parte, no logró explicar las revelaciones periodísticas hechas el 3 de noviembre de 2016 sobre su costoso tren de vida en Atlanta. Tampoco aclara las oscuras operaciones inmobiliarias expuestas en un diario nacional, el 28 de agosto de 2017, y no responde los cuestionamientos de un semanario nacional, los pasados 3 y 11 de febrero, respaldados por la denuncia de un grupo de militantes panistas queretanos, sobre la turbia maniobra con bienes raíces hecha al amparo de su partido en la capital del estado.

Tráfico de influencias, lavado de dinero y delincuencia organizada podrían ser las consecuencias legales de la investigación periodística que revela dichas prácticas, a la sombra de una fundación partidista que curiosamente se denomina humanista.

No es la excepción. A los reportes de “moches” que han exigido legisladores de Acción Nacional, ahora se suma la corrupción del exsecretario de Finanzas local y quien aspiraba ser diputado federal en Quintana Roo, así como su presunta actividad en el financiamiento ilícito de la campaña de un exgobernador panista, Rafael Moreno Valle, y de su actual sucesor en Puebla.

Éste es el verdadero pacto de impunidad que caracteriza a los miembros de la coalición Por México al Frente, el cual también fomenta el nepotismo en sus gobiernos, como demuestran las aspiraciones políticas del hijo del gobernador de Veracruz y de la esposa del mismo Moreno Valle en Puebla.

Se trata de una sucesión de hechos que ponen en tela de juicio a quien pretende encabezar un gobierno honesto e implacable contra la corrupción y se llena la boca hablando de su pretensión de cambiar el régimen político, cuando la famélica coalición partidista que tomó por asalto incorpora como candidatos a presuntos delincuentes.

La etapa de precampañas ha revelado la doble moral y el verdadero rostro de Ricardo Anaya y ha demostrado la peligrosa personalidad de “AMLO 3.0” que ha descrito Silva-Herzog Márquez en sus columnas recientes.

En contraste, José Antonio Meade ha demostrado capacidad, experiencia, honorabilidad y visión de Estado rumbo a la Presidencia de la República, resultado de escuchar y dialogar con la gente en las 32 entidades del país. Es el único con la capacidad de unir a los mexicanos para resolver las cosas y cuya integridad ética es incuestionable. Es quien, sin duda, encarna lo que México necesita en estos tiempos, la reconciliación nacional para transcender en el contexto global.

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