CRECE EL DIVORCIO ENTRE CIUDADANOS Y POLÍTICA

Podremos cambiar muchas leyes y crear más instituciones, pero si no hay funcionarios responsables, todo queda en buenas intenciones.

TXT: JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ PRATS

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Los resultados de los procesos electorales del domingo 4 de junio arrojan diez consecuencias:

  1. La democracia, en teoría y en los países donde se ha consolidado, genera autoridades con legitimidad. La ciudadanía se siente responsable al elegir a sus autoridades y se fortalece la cohesión social, la confianza y la credibilidad. En nuestro caso es exactamente al revés. Las autoridades son cuestionadas y lo más grave, difícilmente preservarán la gobernabilidad requerida para que el Estado alcance sus fines.
  2. Después de los procesos, las comunidades se desgarran, surge un enorme encono y se cruzan insultos y señalamientos de todos los bandos, lo cual propicia un ambiente de discordia poco propicio para coordinar un esfuerzo colectivo hacia el futuro. Más que generar solidaridad, surge un anhelo de venganza, lo cual contribuye a mayor incertidumbre e inseguridad.
  3. Cada vez más hay una ciudadanía desmoralizada y escéptica en cuanto a que la democracia pueda ser el mejor sistema político. Se profundiza el divorcio entre ciudadanía y política, crece el desaliento y disminuye la participación.
  4. Es evidente la influencia del dinero que permea para manipular conciencias, dada nuestra enorme pobreza e ignorancia. Más grave aún, compromete a los triunfadores a resarcir con creces a quienes aportaron recursos, propiciando una mayor corrupción e impunidad.
  5. Se manifestó la ausencia de ideas. Los debates, además de los pésimos formatos y los muchos concurrentes, evidenciaron nuestra empobrecida cultura política.
  6. La falta de actuación de autoridades electorales que no asumieron deberes contribuyó a cuestionar los resultados. Podremos cambiar muchas leyes y crear más instituciones, pero si no hay funcionarios responsables, todo queda en buenas intenciones.
  7. En Chiapas escuché la expresión el “cualquierismo” al poder. Esto es, se postula a personas sin atributos, pero con diversas maniobras sus candidaturas se tornan competitivas. Grave falla de una ciudadanía que no está depositando un voto razonado.
  8. Aumenta nuestra enorme incertidumbre hacia el futuro. El elemento más grave de una crisis es no saber a qué atenerse y ese es uno de los resultados del cuatro de junio.
  9. Desde luego, emerge la enorme amenaza de la regresión, de que siga nuestra involución política y que retornemos a lo que en algún momento calificamos como una transición modélica.
  10. Una vez más se manifiesta la irresponsabilidad de un Poder Legislativo que no hace reformas oportunas. La segunda vuelta se torna necesaria para, precisamente, evitar que gobernantes triunfen con paupérrimas minorías y que, por lo tanto, el ejercicio del poder no alcance los propósitos de impulsar el bien común.

Señalo todo lo anterior no en ánimo de regodeo de nuestros males ni de señalar con índice de fuego a quienes han incurrido en delitos, pero sí de resaltar fallas y, sobre todo, de la necesidad de aplicar la ley a quienes resulten responsables.

Aflora de este ejercicio la necesidad de un mínimo acuerdo para corregir estas fallas. Legislar teniendo como principio fundamental la preeminencia del interés nacional, el fortalecimiento del Estado de derecho. La pluralidad alcanzada, paradójicamente, no ha generado los mecanismos que permitan el consenso. Tal parece que es un problema de origen como República en el que las confrontaciones corresponden a intereses individuales y no a la lucha por ideas.

Tendríamos que invocar los pensamientos más lúcidos de nuestra historia para que México reencuentre el rumbo.

“Los tiempos de la competencia política en nuestro país han acabado con toda presunción de la existencia de un partido de Estado”.

LUIS DONALDO COLOSIO

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