AMENAZAS CONTRA LA DEMOCRACIA

TXT: JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ PRATS

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En reciente mitin en Chiapas, López Obrador hizo tres afirmaciones que me parecen de la mayor gravedad. Cito: “Sí quiero que sea gobernador Rutilio (Escandón) para que hagamos pareja, para que se pueda llevar a cabo un acuerdo de coordinación y que rinda más el presupuesto…” En otras palabras, el candidato de Morena, de llegar a la Presidencia, sólo concibe la posibilidad del trabajo coordinado con los miembros de su partido, con los gobernadores estatales impuestos por él, lo cual atenta contra el federalismo. Pretende concentrar el poder y ejercerlo en forma vertical.

Segunda afirmación: “No sólo es ganar la Presidencia, es ganar también la mayoría en el Congreso, porque si notenemos la mayoría, ahí se van a atrincherar los de la mafia del poder”.

Tercera afirmación: “¿Saben a qué están acostumbrados los diputados y senadores? A recibir moches cada vez que aprueban una ley”.

Estas dos últimas afirmaciones evidencian el desprecio que López Obrador, como líder populista, tiene por el Poder Legislativo. Lo ha demostrado en la forma en que designa a sus candidatos a diputados y senadores y por el trato que le dio a la Asamblea siendo jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Es típico del autoritarismo su rechazo a las Asambleas Parlamentarias. Busca desprestigiarlas, someterlas y atropellarlas en sus atribuciones conforme a la teoría de la división de poderes.

“El populismo es el uso demagógico de la democracia para acabar con ella”.

ENRIQUE KRAUZE

La izquierda histórica nunca fue partidaria, salvo en sus orígenes en la Asamblea Francesa de 1789, de reflexionar, de debatir, de dialogar, en busca de consenso. Sus figuras más relevantes se refirieron a los Congresos como instituciones inútiles, talleres de conversación dedicados a ejercicios estériles.

México tampoco ha tenido etapas prolongadas con un auténtico e independiente Poder Legislativo. Ni a nivel federal ni a nivel estatal. Podríamos decir que ha habido destellos, como el Constituyente de 1856-57, en donde participaron las más relevantes figuras de la generación liberal. Cosío Villegas los calificaba como gigantes y rabiosamente independientes. Otro destello fue la vigésimosexta legislatura, que fue integrada, también, por grandes talentos y en el que se dio una fuerte confrontación con el gobierno de Madero, después del largo periodo del Porfiriato, en el cual el Poder Legislativo fue un convidado de piedra.

A partir de 1997, al no tener el partido hegemónico una mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, inició la tarea de, con independencia, mejorar su calidad para que pudiera asumir plenamente las atribuciones que la Constitución le concede. Desafortunadamente, no ha estado a la altura de sus deberes. No ha mejorado las políticas públicas, ha sido un mal contrapeso delpoder y ha fallado en su función de control. Deja mucho que desear la calidad de las leyes de los últimos años. El debate ni remotamente ha estado a la altura de nuestra complicada transición hacia la democracia.

No podemos hablar de una buena democracia sin buenos parlamentos. El Poder Legislativo es el umbral entre sociedad y estado y un factor fundamental de legitimación. Bastaría asomarnos a las democracias consolidadas para confirmar la trascendencia y el papel protagónico que desempeñan, llámense cortes, dumas, cámaras, parlamentos o asamblea.

Las expresiones de López Obrador constituyen una grave alarma, son un atentado a nuestro Estado de derecho y nos hablan de un retroceso en nuestra vida política. Mejorar el desempeño del Poder Legislativo es un reclamo de la ciudadanía, prueba de ello es la baja calificación que tienen nuestros representantes populares.

Nuevamente el puntero en las encuestas incurre en darnos señales claras de su populismo, de su anhelo de concentrar poder y de atentar contra las instituciones y el Estado de derecho. Es nuestro deber denunciarlo y seguir insistiendo en las graves consecuencias que tendría su arribo a la Presidencia de la República.

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