ESTÁ A PRUEBA EN EE.UU. EL RÉGIMEN PRESIDENCIAL.

¿Funcionará la democracia liberal para lograr detener los desmanes de un Ejecutivo desbordado en su actuación?

TXT: JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ PRATS

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Cuando Montesquieu visitó Inglaterra, juzgó de manera incorrecta las instituciones que conformaban el Estado y las interpretó como una separación de poderes, cuando en la realidad el Poder Ejecutivo (el gabinete) era —y es— una comisión más del Parlamento. En otras palabras, había división de poderes que, en sus distintas funciones, se complementan.

Los fundadores de los Estados Unidos de Norteamérica, guiándose por el pensador francés, concibieron una real separación de poderes y el surgimiento del régimen presidencial. Su preocupación mayor era evitar desviaciones en el ejercicio del poder y crear una serie de instituciones para vigilarse y controlarse unas a otras. Insistentemente hablaban en que el mejor gobierno es el que menos se percibe. No concebían al Estado como una fuente de bienes, sino como algo necesario para evitar males. Evidentemente eran contrarios al Estado-Providencia. Es más, en muchas colonias primero se creó la riqueza, después se fue consolidando un derecho consuetudinario para, posteriormente, crear el Estado.

En sus más de 200 años de desempeño, en algunas ocasiones el Estado ha sido ineficiente para tomar decisiones. En otros casos ha evitado males mayores. Uno de sus fundadores, John Adams, se preguntaba si habría otra constitución de “balanzas” tan complicada como la suya y enumeraba todas las instituciones en juego para la gobernabilidad y la toma de decisiones: federales, estatales, de los distintos poderes, además de la participación misma de la sociedad.

—LA PRINCIPAL AMENAZA QUE PESA SOBRE LA DEMOCRACIA TIENE QUE VER CON EL FORTALECIMIENTO DE DETERMINADOS INDIVIDUOS.
TZVETAN TODOROV—

Eso está en juego en el vecino país del norte: ¿funcionará la democracia liberal para lograr detener los desmanes de un Ejecutivo desbordado en su actuación? Estoy convencido de la necesidad de la política, siempre orientada por principios. Exige, desde luego, habilidades para operar y alcanzar el bien común. Por eso creo que Donald Trump será un rotundo fiasco, particularmente para sus partidarios. Parafraseando alguna expresión de la canción “A mi manera”, diría que está mordiendo algo más de lo que puede masticar. Incurre en mentiras flagrantes, abre muchos frentes, su gabinete está totalmente desarticulado; la relación con los otros poderes, incluso con su mismo partido, se está deteriorando. Tal vez lo más grave sea su trato personal, fundamental en las relaciones humanas, pues agrede y ofende.

Meryl Streep así lo increpó: “Si sobrevivimos a este momento precario, si el instinto catastrófico (de Trump) no nos conduce a un invierno nuclear, tendremos mucho que agradecer a nuestro líder. Nos abrirá los ojos sobre lo frágil que es la libertad”.

Tiene razón mi actriz favorita, la libertad es frágil, la democracia es vulnerable, pero cuando las instituciones resisten y el Estado de derecho es vigoroso, se superan estos desafíos.

Estados Unidos es la nación cuyas universidades han generado más teoría política y la vinculación de la academia con la clase política es estrecha. Después de la euforia por haber arribado a la democracia liberal y pronosticar el fin de la historia, ahora nos preparamos para lo que otros teóricos sostuvieron, como Popper, en “La sociedad abierta y sus enemigos”: La historia la escribimos todos los días, superando peligros, evitando riesgos y esmerándonos por mejores niveles de bienestar.
Insisto, si la política tiene lógica y la democracia es el sistema que más se identifica con la ética, esperemos que el año próximo el partido que llevó a Trump al poder reciba el castigo del ciudadano al renovar en su totalidad la Cámara de Representantes y 33 senadores. Eso traería un gran respiro para el mundo y el conjuro de la peor amenaza de los últimos tiempos

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