DOMINGO EN LA PLAZA

TXT: BRENDA JURADO CONTRERAS

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Joselito Adame abrió la temporada con un clamoroso triunfo al cortar cuatro orejas.

Llegó a su fin la temporada de toros, en la que cada domingo, miles de tapatíos se dieron cita en la Plaza Nuevo Progreso, considerada como una de las más serias de Latinoamérica, para presenciar un espectáculo artístico lleno de emoción, arte, música y por supuesto, mucha tradición. Incluso gastronomía en el exterior de la plaza.

Advierto al lector que soy una joven recién aficionada a los toros, muy lejos de ser una conocedora. Por eso, mi comentario refleja únicamente el punto de vista de los jóvenes que están descubriendo el mundo taurino.

Desde cuadras antes de llegar a la plaza se comienza a sentir la vibra, puedes identificar fácilmente a las personas que se dirigen expectantes al mismo evento que tú, se reconocen por la manera en que visten, los artículos que llevan para ser parte del espectáculo y coincidirán en gritar “olé” cuando el torero logre un pase destacado.

Una corrida de toros tiene una afición muy distinta a la cualquier evento deportivo. En los toros no hay equipos, ni grupos de aficionados con la misma playera. Como la tradición lo exige, el público acude con vestimenta elegante, algunos le dan un toque campirano, otros, español.

Durante la lidia se concentra la atención en cada detalle de lo que ocurre en el ruedo, como la calidad del ganado, el desempeño y la valentía del torero. Pareciera que la plaza queda vacía cuando todos guardan un silencio expectante y se concentran en el momento de la estocada final. Finalmente, todos comparten el resultado de la faena, público y torero, todos son del mismo equipo, un equipo que gana cada vez que se explotan los mejores atributos que el espectáculo tiene para ofrecer. Una tarde emocionante y memorable, o una tarde sin triunfos, pero vivida con intensidad por todos. Hay una gran diferencia entre los toros y los deportes.

Los asistentes han sido parte del ambiente desde que entran a la plaza, cargando sus cojines de colores y colgando sobre su hombro la tradicional bota donde unos almacenan tequila, otros, vino tinto y hay quienes desde un día antes refrigeran su bota con una mezcla de cognac, brandy, jerez, vino tinto y agua de jamaica, que es catalogada por quienes la han probado como deliciosa, a veces se comparte el contenido de la bota con el torero que da la vuelta al ruedo en son de triunfo. El característico y agradable olor a puro predomina en el ambiente, mientras que los pasodobles de la banda te transportan a un sitio privilegiado.

Mucho se especula sobre la “etiqueta social” que caracteriza a sus asistentes, sin embargo, al estar ahí, te das cuenta que te integras a una tradición que no distingue, sino por el contrario, une por el hecho de compartir la misma pasión, es una fiesta que no tiene género ni edad ni status.

Terminarás compartiendo opiniones, despejando dudas o preguntando a desconocidos, quienes al final de la corrida, o inclusive de la temporada, serán una cara conocida y en algunas ocasiones, buenos amigos a quienes saludarás con gusto cada domingo.

Te sientes parte del espectáculo, formas parte del acontecimientodesde que qritas ¡olé!, cuando te unes a la coreografía de pañuelos blancos exigiendo a la autoridad que otorgue el trofeo que el torero se ganó a pulso y al aventar tu sombrero u otra prenda al ruedo en motivo de celebración con el triunfador. Vives la emoción y la vibra de una tarde taurina.

Llámenme tradicionalista, pero considero cautivante la plaza de toros, se percibe una genuina emoción y adrenalina que se contagia fácilmente. Pareciera que en esta época lo único atractivo es aquello que evoluciona y se renueva constantemente dejando atrás los pequeños detalles a cambio de la tecnología, pero en la plaza los detalles son cobijados por el respeto hacia la tradición. Así, se sigue presentando al toro con una pizarra sostenida por dos personas que la sujetan y la muestran al público; el torero sigue aventando su montera cuando dedica un toro a determinada persona; la autoridad sigue levantando uno o dos pañuelos cada vez que otorga orejas. No hay pantallas gigantes, no se difunden anuncios comerciales, no hay sonido molesto, ni música grabada entre toro y toro, únicamente lo tradicional, lo genuino, una enriquecedora experiencia.

Ciertamente, la fiesta brava es un tema que no resulta agradable para muchos, así es la diversidad y hay que respetarla, yo sentí empatía hasta que lo viví, porque así son las experiencias, sería imposible entenderlas si no las vivimos.

Es importante destacar que una corrida de toros va más allá de un duelo entre un hombre y un animal, es una manifestación cultural que transmite emociones a todos sus asistentes, que enriquece y te transporta a un ambiente especial, cargado de tradición, arte y adrenalina. Decía Federico García Lorca que el toreo es “la fiesta más culta que hay, hoy en el mundo”.

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