UN HÉROE FRANCÉS EN LA BATALLA DE CAMARÓN

RELOJ DE LA HISTORIA

TXT: MANUEL P. VILLATORO

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La batalla de Camarón ocurrió un año después de la célebre batalla de Puebla.

Madrid / ABC.-Jean Danjou fue un veterano galo de batallas tan sonadas como Magenta o Solferino. Un oficial mutilado que se hizo fabricar una mano de madera tras perder la suya en combate (todo ello, para poder seguir en primera línea de batalla). Y, finalmente, un soldado que se negó a rendirse en la que fue la contienda más cruenta y desigual en la que participó la Legión Extranjera Francesa: la batalla de Camarón (29 y 30 de abril de 1863).

En aquella jornada, su unidad, de apenas 65 hombres, logró defender su posición durante 11 horas contra nada menos que 2,000 mexicanos.

Para desgracia de Francia, poco pudieron hacer los legionarios más allá de morir como héroes combatiendo contra innumerables enemigos. Sin embargo, el arrojo demostrado por Jean Danjou fue tan llamativo que, cuando la batalla terminó, sus hombres transportaron su cadáver con todos los honores hasta el campamento y rescataron -como si de una reliquia se tratase- su mano de madera. Una prótesis que, durante años, permitió a este galo seguir luchando contra los enemigos de “la France” y que, en la actualidad, se venera como un tesoro en el museo de Aubagne.

Mientras la famosa Legión andaba por medio mundo haciendo valer los intereses de Francia, en América las relaciones entre “la France” y México se volvían más y más difíciles. Y es que, desde que la ex Nueva España se independizara en 1821, los expertos galos habían elaborado multitud de informes aconsejando la intervención por la fuerza en el país.

“Desde 1826 hasta 1861, una larga serie de informes, consejos, proyectos e invitaciones familiarizan a París con la idea de una intervención francesa; l’expedition du Mexique de Napoleón III no fue el fruto de una nueva idea, como tampoco lo había sido la campaña de Egipto encargada por el Directorio a su tío Napoleón Bonaparte”, explica Jean Meyer en su dossier “Dos siglos, dos naciones: México y Francia, 1810-2010”.

Bajo este contexto no resultó raro que, cuando el gobierno mexicano informó a Europa de que no podía pagar sus deudas externas a los países del viejo continente, “la France” montase en cólera y decidiese intervenir. “La suspensión en 1861 del pago de la deuda externa provocó el enfado de España, Inglaterra y Francia. Ingleses y españoles aceptaron negociar, pero Francia decidió romper relaciones y enviar una pequeña fuerza armada que fue derrotada en Puebla en 1862”, añade Jean Meyer.

Ese mismo año, Danjou partió como parte de la Legión Extranjera Francesa hasta México bajo el mando del coronel Jeanningros. Para desgracia de este cuerpo, no cruzaron el Atlántico como una tropa de élite dispuesta a combatir hasta la extenuación, sino más bien como una fuerza auxiliar de apoyo a la que se encargó llevar a cabo los trabajos más duros y sofocantes. Y es que, todavía se mantenía esa esencia original de unidad prescindible a pesar de que sus integrantes ya habían protagonizado grandes gestas como la de Guimerá, en España.

EL CONVOY

Desde el comienzo de la intervención francesa, una de las prioridades del ejército francés fue la conquista de Puebla, ciudad ubicada aproximadamente a 300 kilómetros de Veracruz y todo un enclave estratégico para la región. Después de que fuese derrotado su primer contingente, los galos enviaron un nuevo ejército (esta vez reforzado con 25,000 hombres) que sitió la urbe el 16 de marzo de 1863.

Al día de hoy podría parecer fácil hacer caer las defensas de una urbe con unas tropas tan numerosas para la época. Sin embargo, con lo que no contaban los militares europeos era con la decisión de Jesús González Ortega, al frente de los mexicanos.

En los meses siguientes el asedio supuso un desgaste de fuerzas y suministros para los galos. De hecho, tal era la necesidad de provisiones y dinero que, en abril, los mandamases franceses se decidieron a enviar un gigantesco convoy cargado con todo tipo de materiales desde Veracruz hasta la zona asediada.

Al no haber oficiales disponibles, el capitán Danjou junto con dos tenientes asumieron la responsabilidad de la misión. Concretamente, fueron enviadas 64 carretas cargadas con tres millones de francos, municiones y otros recursos dirigidos a Puebla para el mantenimiento de las tropas que ocupaban dicha ciudad. El problemaes que debían recorrer más de 300 kilómetros a través de una región en la que las carreteras brillaban por su ausencia y los guerrilleros mexicanos podían caer sobre los uniformados franceses en cualquier momento.

Los franceses establecieron que el convoy avanzaría e iría recibiendo el apoyo de las unidades galas acantonadas en los diferentes puntos del trayecto.Así fue como, varias jornadas después de su salida, el 29 de abril de 1863 las carretas pasaron por una región defendida por la Tercera Compañía del Segundo Batallón de la Legión Extranjera. La de Danjou. Esta unidad estaba diezmada por las enfermedades. Tenían poco más que 60 efectivos. El resto, 40 soldados, estaban enfermos o muertos.

A pesar de que la compañía no estaba en su mejor momento, fue designada para proteger el buen viaje del convoy. Sin embargo, las enfermedades habían acabado con los oficiales. ¿Qué hacer? Al no haber oficiales disponibles, el capitán Danjou junto con dos tenientes asumieron la responsabilidad de la misión, partiendo el 30 de abril de 1863 junto a otros 62 hombres más.

Para desgracia de los bravos legionarios (entre los que había españoles y alemanes), se iban a enfrentar a un inmenso ejército a las órdenes del coronel mexicano Francisco de Paula Milán. Según el parte oficial de la contienda escrito por este militar, partió de su acantonamiento con “seiscientos cincuenta infantes y doscientos caballos”. Sin embargo, la mayoría de autores elevan este número hasta 2,000, pues contó con la ayuda de multitud de guerrilleros locales.

LA BATALLA MÁS ÉPICA

A la una de la mañana del 30 de abril, Danjou y sus 64 valientes de la Tercera Compañía partieron para explorar las cercanías del poblado de Palo Verde. Allí se detuvieron brevemente para descansar y tomar un buen desayuno. Pero el pan se les debió atragantar, pues aproximadamente a las siete (tras avanzar poco más de 24 kilómetros) fueron atacados por los jinetes de De Paula Milán.

Aquel podría haber sido su fin. Con todo, los galos se defendieron formando un cuadro (sumamente efectivo contra las cargas de caballería) y, con mucho esfuerzo, hicieron retroceder al enemigo a base de descargas. Así lo recuerda Milán en el parte oficial de la contienda: “Encontramos una fuerza francesa que bajaba del Chiquihuite y al momento dispuse cargar sobre ella, pero, habiéndose formado en cuadro, resistió el choque, replegándose a paso veloz”.

Aquella pequeña victoria no fue completa, pues las dos mulas cargadas con municiones, agua y vituallas que los legionarios llevaban consigo se asustaron y fueron capturadas por el enemigo. La situación se ponía, todavía, más difícil.

BATALLA DE CAMARÓN             

Danjou, entonces de 35 años, sabía que quedarse en campo abierto significaba ser derrotado, así que ordenó a sus legionarios retroceder poco a poco hasta el pequeño pueblo de Camarón (el cual toma el nombre de un tipo de flor muy característica de la zona). Tras verse obligados a llevar a cabo varias descargas más para mantener alejados a los jinetes, tomaron una casa de campo abandonada (llamada por los militares La Hacienda de Camarón) y se prepararon para defenderse hasta la muerte.

“Se replegaron a una casa de material que hay en el punto del Camarón, donde se parapetaron y abrieron aspilleras en las paredes para hacer fuego. Nuestra caballería cercó la casa y, entre tanto, hice venir violentamente a las fuerzas de infantería que había dejado en el campamento y emprendí el ataque. Sin embargo, los enemigos se hallaban bien guarnecidos, y carecíamos de artillería para abrir brecha y útiles de zapa para hacer horadaciones”, dice el informe del coronel mexicano. Curiosamente, y a pesar de ser sólo 65 legionarios, ya causaban cierto respeto en el oficial.

A las ocho de la mañana comenzó el sitio y, a las diez, el coronel Milán ordenó a un capitán mexicano apellidado Laisné que hablaba francés que les ofreciera la rendición. Pero Danjou se mantuvo firme y le dijo que era imposible. “¡No nos rendiremos.Tenemos munición!”, gritó Danjou. La defensa que estos soldados hicieron es considerada como la más heroica de la Legión Extranjera, a pesar de que el capitán no pudo ver su final, pues cayó víctima de la bala disparada desde vivienda cercana.

PRÓTESIS DE JEAN DANJOU

Tras la muerte de su líder, los legionarios de nuevo se negaron a rendirse. Siguieron disparando una y otra vez sobre los enemigos hasta las seis de la tarde, cuando ya sólo quedaban una decena de ellos con vida, pero sin municiones, bajo las órdenes del teniente Muadet.

Cuando sólo quedaban cuatro defensores capaces en la casa y los heridos se amontonaban apoyados en las paredes, el nuevo oficial al mando les ordenó calar bayonetas en los fusiles y cargar contra el ejército enemigo. En aquel movimiento desesperado y lleno de honra pereció un hombre. Con todo, el gesto emocionó tanto a los mexicanos que detuvieron los disparos y arrestaron al resto.

Finalmente, once horas de combate después los hombres de Milán entraron a la hacienda y ofrecieron una rendición honrosa a los heridos. Estos la aceptaron a cambio de escoltar con honores el cuerpo (y la mano de madera) del héroe de aquella defensa: el capitán Danjou.

“De los setenta soldados que mandaban, murieron veinte; de los restantes, diez y seis fueron gravemente heridos y 24 prisioneros cayeron en nuestro poder, sin que escapase uno solo. Hemos levantado el campamento recogiendo todo el armamento y los heridos prisioneros han sido asistidos con todo esmero por la sección médica de la brigada”, añade Milán en su informe.

Aquel día Francia perdió una batalla, pero nació un héroe.

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