¿QUIÉN FUE ROLAND GARROS?

RELOJ DE LA HISTORIA

Aunque su nombre está relacionado con el tenis, fue un piloto de caza francés que aterrorizó a los alemanes en la Primera Guerra Mundial<7h3>

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Roland Garros impuso records de aviación en la primera década del siglo XX.

Madrid / ABC.-Corría el 19 de abril de 1915 cuando cayó tras las líneas enemigas uno de los héroes franceses más destacados de la Primera Guerra Mundial: Roland Garros. El mismo piloto que había logrado abatir a cinco aeroplanos germanos en 15 días (una marca más que abultada para la época). Aquella jornada, cuando los teutones examinaron su aparato, se percataron de cómo había sido posible que se convirtiera en un verdadero torbellino de los cielos: había ideado un novedoso mecanismo que permitía a los franceses disparar una ametralladora a través de la hélice.

La tragedia de aquel día no impidió que Garros siguiese combatiendo contra los cazas germanos. Al menos, hasta el 5 de octubre de 1918, jornada en la que un piloto enemigo le derribó y acabó con su vida tras un duro combate en los cielos de las Ardenas. Sin embargo, su nombre no cayó en el olvido. De hecho, tal fue su importancia para el mundo de la aviación que, a la postre, Francia bautizó un estadio de tenis parisino con su nombre y, posteriormente, también el torneo más famoso de este deporte sobre arcilla.

Así fue como el apellido Garros quedó íntimamente asociado al tenis. Todo ello a pesar de que, en 1915, el diario ABC le incluyó en un artículo en el que analizaba a las personalidades salientes de la Primera Guerra Mundial y explicaba su importancia en el devenir de la contienda. “Del aviador francés Rolland Garros poco hemos de decir, porque su figura es conocidísima de nuestros lectores con anterioridad a la guerra. Durante esta, realizó algunas capturas importantes; pero una operación a todas luces temeraria le hizo caer en poder enemigo”, explicaba este diario.

PRIMERAS HEROICIDADES

Roland Garros nació, según explica Spencer Tucker en “WorldWar I”, allá por 1888 en Saint-Denis (Francia), aunque no tardó en marcharse primero a Saigón, donde su padre fundó un bufete de abogados y, finalmente a París. En principio, su familia trató de inculcarle el camino de las leyes, pero esta pretensión duró poco. Concretamente hasta 1909, año en que se sintió atraído por el mundo de la aviación y se compró -para foguearse- el aeroplano más barato de la época (por un valor equivalente a 27,000 euros).

A partir de ese momento su máxima fue la de superar los récords aéreos en una época, por cierto, en la que subirse a un aeroplano requería más valor que pericia.

No le fue mal. O al menos, así lo atestigua el hecho de que, el 6 de septiembre de 1912, obtuviera su primer récord de altura al llevar su aeroplano (un Blériot XI) por encima de los 4,000 metros. Su voracidad, no obstante, le hizo continuar surcando los cielos y, el 12 de diciembre de 1912, el ABC le dedicó las siguientes líneas: “Dicen de Túnez que el aviador Garros ha repetido hoy su tentativa de batir el récord de altura, llegando a 5,188 metros. Descendió porque se había acabado la provisión de oxígeno que llevaba para respirar. Mañana repetirá la tentativa”.

Con todo, fue un año después cuando Roland Garros se convirtió en un auténtico héroe nacional para Francia. “Roland Garros saltó a la fama por haber conseguido, el 23 de septiembre de 1913, efectuar la primera travesía a través del Mediterráneo, en 5 horas y 53 minutos a bordo de su Morane-Saulnier. Le quedaban sólo cinco litros de gasolina cuando aterrizó en Bizerta”, explica el periodista e historiador Jesús Hernández en su libro “Todo lo que debes saber sobre la Primera Guerra Mundial”.

La gesta, nuevamente, quedó recogida en el diario ABC: “Dicen en Marsella que el aviador Garros, que se propone realizar el raid del Mediterráneo, salió esta mañana a las diez y media de aquella ciudad y aterrizó a las cinco y media de la tarde a 900 kilómetros de distancia”.

El piloto francés desarrolló un sistema de ataque aéreo que los alemanes no podían descifrar.

LLEGA LA GUERRA

Con la llegada de la Primera Guerra Mundial, Garros se convirtió en uno de los grandes aviadores militares de la época gracias a su experiencia. Además, ypor si fuera poco, ideó un sistema revolucionario para derribar a los cazas enemigos. Todo ello, en una época en la que los combates que se sucedían en los cielos eran muy rudimentarios.

DE LA GUERRA

A LA COPA DAVIS

El gobierno francés no se olvidó de Roland Garros, el famoso piloto caído en combate. Tras la proeza de los conocidos como “Los cuatro mosqueteros” (Jacques “Toto” Brugnon, Jean Borotra, Henri Cochet y René Lacoste), quienes ganaron a Estados Unidos en la Copa Davis de tenis en 1927 en su propio terreno, se disputaría la revancha al año siguiente en terreno francés. Para dicho evento el Estado francés cedió tres hectáreas de terreno cerca de la Federación Francesa de Tenis para construir un nuevo estadio acorde con la grandeza del encuentro que se disputaría. Eso sí, la única condición que dispuso el gobierno fue que dicho estadio llevara el nombre del piloto muerto una década antes, Roland Garros.

“En esa fase embrionaria de la aviación militar los aviadores, pertrechados de revólveres, disparaban a sus enemigos. Si el avión iba dotado de copiloto, éste podía ir armado con un fusil. Se utilizaron entonces medios que hoy provocan hilaridad; algunos pilotos llevaban consigo pesadas piedras o ladrillos, que eran arrojados sobre el avión adversario cuando éste se encontraba bajo la vertical, con el fin de quebrar su fuselaje de madera y tela”, relata Jesús Hernández.

Aunque posteriormente se desarrolló la ametralladora, esta debía ser utilizada por los copilotos ya que, si se ubicaba en el morro (lo que otorgaba mayor precisión), las balas destrozaban la hélice del aparato al pasar a través de ella. Así fue, al menos, hasta que Garros arribó a los cielos. Su revolucionario sistema permaneció en secreto hasta que los germanos lo derribaron el 19 de abril y examinaron su aparato.

“En un primer momento creyeron que debía estar dotado de algún sofisticado sistema que permitiese el paso de las balas a través de la hélice en movimiento, pero nada más alejado de la realidad. Los franceses se habían limitado a proteger con unas gruesas planchas de hierro las palas de la hélice”, completa el autor de “¡Es la guerra!”.

Aquella jornada de abril supuso toda una victoria para los alemanes. En primer lugar, porque descubrieron el secreto francés, pero también porque lograron apresar al uno de los aviadores más destacados de Francia. Inmediatamente, Garros fue enviado a un campo de prisioneros en el que permaneció recluido tres años. Allá por 1918 logró escapar disfrazado con un uniforme enemigo y se presentó a filas de nuevo.

El aviador terminó sus días derribado por un Fokker D VII el 5 de octubre de 1918 en las Ardenas. Una noticia que recogió el mismo ABC bajo el titular “Garros herido mortalmente: La agencia Wolf dice que el aviador francés Rolland Garros, herido mortalmente, cayó en las líneas alemanas el 5 de octubre”.

Sus gestas fueron reconocidas por el gobierno galo que -como señala Hernández- le otorgó el nombre a un estadio después de que cuatro de sus tenistas más destacados vencieran a Estados Unidos en la Copa Davis de 1927. “Al haber sido jugador de tenis aficionado del club StadeFrançais, Roland Garros tuvo el honor póstumo de dar su nombre al estadio parisino y al torneo de tenis que se celebra cada año en estas instalaciones”, finaliza el autor.

 

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