MÉXICO 1916.

RELOJ DE LA HISTORIA

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EL ATAQUE DE PANCHO VILLA a Columbus puso en riesgo la estabilidad de Carranza como jefe del gobierno de México.

Ciudad de México / INEHRM.- El año de 1916 es definitorio en el rumbo de la Revolución Mexicana. Venustiano Carranza — victorioso militarmente ante las fuerzas de la Soberana Convención Revolucionaria— empezó a dictar leyes y decretos sobre diversos aspectos de la vida nacional que fueron materializando las demandas sociales de la Revolución y prefiguraron el alcance de las reformas que se llevarían a cabo durante el Constituyente de 1916-1917.

Sin embargo, a pesar de la preeminencia del constitucionalismo, sus opositores políticos se dejaron sentir de diversas maneras: Pancho Villa atacó la población norteamericana de Columbus y la facción zapatista de la Convención promulgó el Programa de Reformas Políticas y Sociales de la Revolución.

La “reacción” —encarnada en Félix Díaz— intentó igualmente sublevarse mediante el Plan de Tierra Colorada. En este año de contrastes, también se dieron hechos extraordinarios como la celebración del Primer Congreso Feminista en Yucatán y la materialización de los ideales revolucionarios con el establecimiento de la Comisión Nacional Agraria.
De esta manera, 1916 es un preámbulo del México que empieza a resurgir de sus cenizas, después de la Revolución Mexicana.

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Venustiano Carranza arribó a la ciudad de Querétaro el 1 de enero de 1916 y fue recibido por el general Federico Montes, gobernador y comandante militar de la plaza.

Unas semanas después, el 3 de febrero, Carranza emitió un decreto declarando a Querétaro Capital Provisional de la República. La decisión se basaba no solamente en el hecho de que se trataba del centro geográfico del país, sino que reunía las condiciones de paz y tranquilidad para que los miembros del gobierno organizaran debidamente la administración pública antes del restablecimiento del orden constitucional.

De esta manera, asumiéndose como el jefe del gobierno nacional, Carranza empezó a legislar y a tomar medidas en distintos ámbitos de la administración pública. Así, ejerciendo su papel como rector de la economía, se declararon caducas las concesiones de la Compañía Petrolera Mexicana, S.A., y de El Banco de Tamaulipas, S.A.

De igual manera, emitió un decreto para que la Secretaría de Hacienda regulara el establecimiento de las casas de cambio, importante medida, ya que debido a la circulación de múltiples monedas revolucionarias había quien especulaba con su valor, generando un grave perjuicio para los intereses públicos. En el mismo orden de ideas, el Primer Jefe buscó la reactivación del aparato productivo que había sufrido un grave deterioro por la guerra.

Así que el 23 de mayo de 1916 se instituyó la “Comisión Refaccionaria de la Laguna” con el objetivo de fomentar los cultivos de algodón y de maíz de la región. También dispuso que el calzado y ropa pagara solamente la cuarta parte de los impuestos que les correspondía, igualmente se reformó la Ley de Ingresos para que estuvieran libres de derechos deimportación artículos como carne, leche, huevos, manteca, arroz, hortalizas, azúcar y harinas.

Por otra parte, Carranza le concedió gran importancia a la educación, es por ello que estableció el plan de estudios para la carrera de profesor de educación primaria, con el cual definió los cursos anuales que debían seguir los aspirantes a maestros de educación primaria, elemental, superior y de párvulos. Igualmente ordenó que los edificios escolares del Distrito Federal se construyeran ex profeso para fines educativos, atendiendo principios pedagógicos y de higiene.

Uno de los hechos más relevantes en este año fue la celebración del Primer Congreso Feminista, que se llevó a cabo en Mérida gracias a las gestiones del gobernador del estado de Yucatán, general Salvador Alvarado. Durante la inauguración, el 13 de enero, se destacó que por primera vez las mujeres se reunían para tratar asuntos de trascendencia revolucionaria, que en Yucatán había muchas mujeres cultas (más de las que se creía) y que la mujer yucateca iba, decididamente, hacia nuevas orientaciones.

Aunque como se puede advertir, Carranza ejercía el poder en buena parte del país, la Soberana Convención Revolucionaria, encarnada por los zapatistas, no cejaba en su lucha y proclamó el 18 de abril de 1916 el Programa de Reformas Políticas y Sociales de la Revolución.

En dicho documento se plantearon muchas de las demandas sociales del movimiento armado, por ejemplo: la creación de la pequeña propiedad y la devolución de las tierras a los pueblos despojados; leyes contra accidentes de trabajo y el reconocimiento del derecho de huelga; favorecer la emancipación de la mujer por medio de una juiciosa ley sobre el divorcio; beneficiar las exploraciones mineras y petroleras; adoptar el parlamentarismo como forma de gobierno, entre otras.

Pero la batalla contra el carrancismo no fue solamente ideológica. Francisco Villa, quien tenía suficientes motivos para estar en contra del Primer Jefe, decidió atacar la población de Columbus, en Estados Unidos. El mismo 9 de marzo, día del asalto, el secretario de Estado norteamericano, Robert Lansing, escribió a su representante en México que esperaba que el gobierno mexicano persiguiera, capturara y exterminara al bandolero de Villa. La postura norteamericana cambió radicalmente cuando el 14 de marzo el general John Pershing atravesó la frontera con México para perseguir a Villa. El ataque a Columbus puso en riesgo la política diplomática de Carranza que buscó durante todo 1916 el reconocimiento de su gobierno por otras naciones.

La lucha al interior de la Revolución no era el único frente para Carranza. A pesar de que el general Victoriano Huerta había muerto en el exilio el 13 de enero de 1916, la contrarrevolución seguía viva, muestra de ello fue el levantamiento promovido por el general Félix Díaz. Mediante el Plan de Tierra Colorada se proponía trabajar por el restablecimiento del orden, la finalización de la anarquía, la reinstalación de los poderes pú- blicos, la restitución de las instituciones y el mejoramiento de las clases trabajadoras. Dicho movimiento no tuvo mayores consecuencias.

Si el panorama del año de 1916 era complejo, se enrareció aún más cuando el Primer Jefe tuvo que tomar medidas drásticas para conservar el orden, inclusive en contra de antiguos aliados, como los obreros y sus organizaciones. Con motivo de la huelga promovida por la Confederación General de Sindicatos del Distrito Federal en busca de mejoras laborales, Carranza emitió un decreto que castigaba con la pena de muerte a los “trastornadores del orden público” y a los que incitaran y propagaran la suspensión del trabajo en las fábricas o empresas dedicadas a prestar servicios públicos. Ante la difícil situación y a instancia del general Álvaro Obregón, los miembros de la Casa del Obrero Mundial decidieron entrar en “receso”, con lo cual se cerró una de las páginas más emblemáticas del incipiente movimiento obrero mexicano.

A pesar del complicado panorama que se vivió durante ese año, Venustiano Carranza siempre tuvo claro que en algún momento se tendría que restituir el orden constitucional roto por el golpe militar del general Huerta. En un discurso dado en Hermosillo, Sonora, el 24 de septiembre de 1913, el Primer Jefe declaró que el pueblo había vivido famélico y desgraciado debido a un puñado de leyes que en nada le favorecían. “Tendremos que removerlo todo”, dijo, al tiempo que anunció que se debía “crear” una nueva Constitución que beneficiara a las masas.
El primer paso en este sentido fue llamar a elecciones de diputados para el Congreso Constituyente, el cual, una vez reunido, se encargaría de aprobar, rechazar o modificar los decretos emitidos por el gobierno constitucionalista.

El 1 de diciembre de 1916, al iniciar los trabajos del Constituyente, Carranza señaló que la Constitución de 1857 —“que nuestros padres nos dejaron como legado precioso, a la sombra de la cual se ha consolidado la nacionalidad mexicana”— resultaba inviable porque se componía de “fórmulas abstractas”, de “gran valor especulativo”, pero que no se podían llevar a la práctica. Es por ello que su proyecto de reforma contenía todas las reformas políticas, “la experiencia de varios años, y una observación atenta y detenida”, para cimentar las instituciones “encauzando su marcha hacia el progreso por la senda de la libertad y el derecho”.

Durante todo diciembre, los diputados constituyentes debatieron y modificaron el proyecto de Carranza. Así, en 1916 se sentaron las bases para la reconstrucción institucional del país, condición indispensable para volver al orden constitucional

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