LA PRIMERA GRAN REINA DE EUROPA

RELOJ DE LA HISTORIA

TXT: CÉSAR CERVERA

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En su lecho de muerte, Isabel abogó por el buen trato a los indios (óleo de Eduardo Rosado. Museo del Prado).

Madrid / ABC.-Al día siguiente de la muerte de Enrique IV, Isabel -una infanta española rubia y de ojos verdosos- se proclamó por sorpresa Reina de Castilla en la iglesia de San Miguel, en Segovia. Tal vez la joven lloró lágrimas en la intimidad por el fallecimiento de su medio hermano, como se encargó de proclamar la propaganda de los Reyes Católicos, pero lo cierto es que no tuvo tiempo de sentir mucha lástima. La rápida maniobra de la reina sorprendió a todo el mundo, incluido a su marido, Fernando de Aragón, que desde Zaragoza se llevó las manos a la cabeza frente a lo que se les venía encima.

“Muchos hombres a lo largo de la vida de Isabel la apoyaron pensando que podrían ejercer el poder en su nombre. Fue el caso del obispo Carrillo o de Fernando y sus consejeros aragoneses. Todos ellos se equivocaron. Era una mujer testaruda, que no se dejó manejar por otros”, explica Giles Tremlett, en su libro “Isabel la Católica: la primera gran reina de Europa”, una obra en la que el periodista británico, autor de otros dos libros sobre la memoria de España, trata de reivindicar la figura de la castellana como una de las grandes reinas de la historia de Europa. “Mi idea era escribir una defensa de Isabel fuera de España, siendo una figura manchada por la leyenda negra”, asegura el británico, que la compara por su fortaleza con Margaret Thatcher: “Son dos mujeres que se impusieron a los hombres, pero que no hicieron nada por mejorar las condiciones de las mujeres de su tiempo”.

En un recorrido por el casco histórico de Segovia, Giles Tremlett ilustra los pasajes de su trabajo biográfico a través de rincones como el palacio del rey Enrique IV o el imponente Real Alcázar. Precisamente, en este último, Isabel pasó parte de su infancia debido a que su medio hermano, Enrique, quería alejar a los nobles de ella y de su hermano pequeño, Alfonso “El Inocente”. El rey era débil y la aristocracia castellana revoltosa, por lo que ordenó que sus hermanos abandonaran a su madre en Arévalo. “Su madre se quedó sola y terminó enloqueciendo. Isabel se endureció, probablemente, con la experiencia de su madre, y aprendió que no podía depender de nadie. Debía abrirse camino ella sola en un mundo de hombres”, afirma Tremlett, en las calles que tantas veces recorrió la joven infanta.

Isabel defendió siempre su derecho a elegir con quién casarse, que al final fue el heredero de la Corona de Aragón. Tampoco hacia él ejerció dependencia, dando lugar a una monarquía dual inédita en la historia. “Me ha costado encontrar otro caso igual, incluso en el terreno empresarial, de una pareja de gobernantes que compartiera tanta confianza y tanto respeto”, apunta sobre la relación entre Fernando e Isabel. Curiosamente -recuerda el escritor britanico- los catalanes se apoyaron varias veces en la reina castellana para que intercediera ante su marido: “Fue una buena aliada para Barcelona”. La construcción de España estaba ya en marcha.

Ni de la expulsión de los judíos, ni de la instauración de la Inquisición… En los días que precedieron a su muerte, el 26 de noviembre de 1504, Isabel la Católica no se arrepintió de ninguna de las decisiones de su vida. “Si había cometido errores, creía que eran pocos y puntuales”, asegura Giles Tremlett. A sus 53 años, una de las únicas preocupaciones que plasma en su testamento estuvo puesta en los “inocentes” del Nuevo Mundo y de las Islas Canarias. La monarca comprendía que la esclavitud estaba justificada para los “infieles” y los enemigos vencidos, no para los habitantes de la tierra descubierta por Cristóbal Colón. En su lecho escribió: “No consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados”.

Isabel de Castilla, la Católica, patrocinadora de la empresa que culminó en el descubrimiento de América

30 AÑOS REINA

Isabel la Católica, junto con su esposo Fernando el Católico, sentó las bases de la España moderna al unificar los reinos del país y expandir sus dominios hasta el Nuevo Mundo.

Isabel nació el 22 de abril de 1451 en Madrigal de las Altas Torres, Ávila. Era la tercera hija del rey Juan II de Castilla y su esposa Isabel de Portugal. Pasó su infancia en Arévalo, donde su madre comenzó a dar muestras de locura. Allí aprendería a leer y escribir. Estuvo allí hasta 1464 cuando su hermano, el rey Enrique IV, le ofrece ir a la corte, obsequiándola con rentas, mercedes y una villa en Casarrubios del Monte.

En la corte se respiraba enfrentamiento entre los distintos nobles, ya que había discusiones entre los que querían una monarquía fuerte y los que preferían un rey manejable. En determinado momento, los nobles deponen a Enrique IV y nombran rey su hermano Alfonso de Castilla. Sin embargo, el golpe no prosperó y Enrique permaneció en el poder hasta su muerte en 1474; Alfonso había muerto seis años antes.

Los partidarios de Alfonso habían elegido a Isabel como candidata al trono y Enrique la reconoció como princesa de Asturias. Ante esta responsabilidad, Isabel debía escoger un marido adecuado. Había varios pretendientes, como Alfonso V de Portugal, Pedro Girón y Fernando de Aragón. Finalmente, escogió a Fernando, con quien contraería matrimonio el 19 de octubre de 1469 en Valladolid después de conseguir una dispensa papal, ya que eran primos. Murió en 1504 a la edad de 53 años.

Isabel fue Reina de Castilla durante 30 años y, por su matrimonio con Fernando, también fue reina consorte de Sicilia y Aragón.

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