INFORTUNIOS DE FERNANDO DE ARAGÓN, VIUDO DE ISABEL DE CASTILLA

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Fernando de Aragón vivió poco más de once años después de la muerte de la Isabel.

TXT: CÉSAR CERVERA

 

Madrid / ABC.- La muerte de los reyes es un terreno abierto para la fábula y para que sus enemigos venguen con palabras lo que no pudieron hacer con hechos. Más mito que realidad, se ha dicho que Felipe el Hermoso falleció por un corte de digestión; que Carlos I murió por la picadura de un mosquito; que Felipe II, por un ataque de piojos, o que Felipe III, por el exceso de calor de un brasero. Todas estas historias son verdades a medias, cuando no completas mentiras. No así el caso de Fernando el Católico. En su intento desesperado por tener un heredero con su segunda esposa, Germana de Foix, el rey aragonés abusó de un producto afrodisiaco llamado cantárida que pudo causarle graves daños en la circulación sanguínea.

Tras la muerte de la reina Isabel (patrocinadora del proyecto de Cristóbal Colón), el rey Fernando quedó en una situación muy delicada en la corte castellana. Su matrimonio con Isabel había permitido unificar muchas cuestiones entre Castilla y Aragón, pero las instituciones de cada reino se mantenían separadas. Así, aunque el testamento de la reina nombraba a Fernando regente de Castilla hasta que su nieto Carlos –el futuro emperador del Sacro Imperio Germánico– alcanzara la mayoría de edad, la falta de apoyos obligó al monarca a retirarse a Aragón. Precisamente la decisión de Isabel buscaba evitar que un rey extranjero se hiciera con la corona y que su hija Juana “la Loca”, que había mostrado los primeros síntomas de demencia durante la enfermedad de su madre, fuera usada como una marioneta por su esposo Felipe el Hermoso, que era francés.

Fernando neutralizó el apoyo francés a su yerno Felipe por el Tratado de Blois y se casó con la joven francesa Germana de Foix, sobrina del rey Luis XII de Francia. Felipe falleció en un suceso que sigue envuelto en el misterio. Cuando el aragonés regresó a Castilla, encerró a su hija Juana en Tordesillas y asumió la regencia hasta 1507.

Pese a todo el afecto que Fernando guardaba a la memoria de Isabel, lo cierto es que el monarca no esperó mucho tiempo antes de volver a casarse. Un año después del fallecimiento de la reina, el 19 de octubre de 1505, Fernando II de Aragón, de 53 años, se casó con Germana de Foix de 18 años de edad. En los pactos con el rey de Francia, tío de Germana, éste cedió a su sobrina los derechos dinásticos del Reino de Nápoles y concedió a Fernando y a los descendientes de la pareja el título simbólico de rey de Jerusalén. A cambio, Fernando se comprometió a nombrar heredero al posible hijo del matrimonio. Es decir, todos los puntos quedaban a expensas de que el veterano rey fuera capaz de engendrar un hijo con la francesa.

En su momento, el matrimonio levantó las iras de los nobles de Castilla y de la dinastía de los Habsburgo, enemiga tradicional de la monarquía francesa, ya que lo interpretaron como una maniobra de Fernando el Católico para impedir que el hijo de Felipe el Hermoso, Carlos I, heredase la Corona de Aragón. Y así era, pero todo pasaba porque el matrimonio tuviera hijos. Precisamente con ese propósito, Fernando recurrió supuestamente a la cantárida (también conocida como mosca española), un escarabajo verde brillante que una vez muerto, seco y reducido a polvo, se empleaba desde la antigüedad como sustancia vasodilatadora, cuyos efectos son muy parecidos a los que produce el viagra. El abuso en el consumo de este afrodisíaco pudo provocarle graves episodios de congestión al monarca, lo que derivó en una hemorragia cerebral.

Según Jerónimo Zurita, cronista del Reino de Aragón, el rey sufrió una grave enfermedad ocasionada por un “feo potaje que la reina le hizo dar para más habilitarle, que pudiese tener hijos. Esta enfermedad se fue agravando cada día, confirmándose en hidropesía con muchos desmayos, y mal de corazón: de donde creyeron algunos que le fueron dadas yerbas”. Si bien nunca se ha podido demostrar científicamente, sus contemporáneos no tenían dudas de que el coctel de afrodisíacos, en especial por la cantárida, era el culpable del progresivo empeoramiento en la salud del veterano rey.

Los Reyes Católicos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla son considerados como los fundadores del imperio español y recordados como una de las parejas reales más ilustres en toda la historia de España. Se casaron en 1469 y reinaron juntos hasta la muerte de Isabel en 1504. Culminaron la reconquista de los territorios de España y patrocinaron los viajes de Colón que cambiarían el rumbo de la historia del mundo.

A los 63 años de edad, Fernando falleció en Madrigalejo (Cáceres) cuando iba a asistir al capítulo de las órdenes de Calatrava y Alcántara en el Monasterio de Guadalupe. El consumo frecuente de cantárida y otros productos, como testículos de toro, pudieron influir directamente en la hemorragia cerebral que sufrió en la localidad extremeña. De hecho, algunos cronistas han apuntado que la noche anterior a su muerte había ingerido una dosis muy elevada del «feo potaje». Tras ser confesado por el fraile Tomás de Matienzo y solicitar 10,000 misas por su alma, el rey murió el 23 de enero de 1516.

Un heredero habría cambiado la historia. Los esfuerzos por engendrar un heredero varón parecían llegar a puerto en 1509, pero el niño, llamado Juan, falleció a las pocas horas de nacer, evitando que el Reino de Aragón se desvinculara dinásticamente de Castilla. El rey no tuvo más hijos y dejó todas sus posesiones a su hija Juana, Reina de Castilla, que al encontrarse inhabilitada para reinar cedió la Corona de Aragón, incluidos sus reinos italianos y una parte de Navarra, a Carlos de Gante, futuro Carlos V de Alemania.

Hasta su llegada a España, Fernando nombraba a su hijo natural Alonso de Aragón regente de los reinos aragoneses y al cardenal Cisneros, regente de Castilla. El aragonés se vio obligado a dejar la regencia a Cisneros en contra de su primera voluntad, que era concedérselo a su nieto favorito, Fernando de Habsburgo, quien había sido criado por él. Expresó en el documento, además, su voluntad de ser enterrado en la Capilla Real de Granada, junto a su primera esposa, Isabel de Castilla.

Una de las pocas instrucciones que Fernando el Católico dirigió a su nieto Carlos fue para que se encargase de que Germana de Foix viviera holgadamente, “pues no le queda, después de Dios, otro remedio sino sólo vos…” Y el futuro emperador alemán se lo tomó al pie de la letra puesto que mantuvo una relación amorosa con la francesa. Carlos I, con 17 años, quedó prendido desde el primer día de su abuelastra, ya de 29 años, una mujer discreta y afectuosa que aún no padecía los problemas de obesidad que tendría en su vejez.

Según Fernández Álvarez, la pareja tuvo una hija, Isabel, y aunque nunca fue reconocida oficialmente por Carlos, Germana de Foix se refiere a ella en su testamento como la “infanta Isabel” y a su padre como “el emperador”. La niña residió y fue educada en la Corte de Castilla. Germana se casó dos veces más.

Por su parte, el uso de la cantárida como afrodisíaco cayó en desuso a partir del siglo XVII a consecuencia de sus muchos efectos secundarios (producía irritaciones gastrointestinales y molestias urinarias, con erección espontánea del pene) y del gran número de envenenamientos del que fue responsable. En el lujurioso siglo XVIII volvería a estar de moda, en la mayoría de casos empleado directamente como veneno.

 

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