EL CHOQUE DE TITANES: CALLES CONTRA CÁRDENAS

RELOJ DE LA HISTORIA

TXT: DULCE LILIANA CRUZ RIVERA / INEHRM

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Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, protagonistas de uno de los enfrentamientos más ásperos de la historia presidencial mexicana en la “era democrática”.

Plutarco Elías Calles se convirtió a partir de 1928, después de la muerte de Álvaro Obregón, en la figura predominante de la política mexicana. Aunque, como había declarado en su último informe de gobierno, México carecía “…de personalidades de indiscutible relieve, con el suficiente arraigo en la opinión pública y con la fuerza personal y política bastante para merecer por su solo nombre y su prestigio la confianza general” (cita Alejandra Lajous en Los orígenes del Partido Único en México), él y el grupo de políticos que lo rodeaba asumieron el control del que sería el partido en el poder, inaugurando la etapa en la historia de nuestro país conocida como “Maximato” y que terminaría de forma definitiva el 10 de abril de 1936 con el exilio forzoso del general Calles.

El dominio de Calles no fue absoluto durante esos años, lo que le permitió ejercerlo fue que supo controlar el recién creado Partido Nacional Revolucionario (PNR) y conciliar los diferentes intereses en su interior, como lo hizo con la candidatura de Lázaro Cárdenas en la cual tuvo que ceder a las tendencias de las organizaciones campesinas que respaldaron su postulación.

Cárdenas aprovechó esa circunstancia y desde el inicio de su precandidatura y después ya como candidato por la Presidencia de la República aglutinó a las fuerzas políticas ajenas al aparato del partido creando una base de poder independiente al PNR.

Ya como presidente fue parte importante de su gobierno el apoyo a las organizaciones obreras que también formaron parte de estas bases de respaldo y tal apoyo mutuo se tradujo en un incremento en las huelgas de los trabajadores durante los primeros meses de 1935, lo que provocó que los callistas, más ligados a los grupos empresariales, desafiaran su autoridad recurriendo al “Jefe Máximo de la Revolución”. Alentado por las divisiones existentes, sobre todo en la Cámara de Diputados, el conflicto se intensificó cuando Calles regresó a la ciudad de México el 3 de mayo de 1935, después de una ausencia de varios meses.

Fue el 12 de junio de ese año cuando apareció en la prensa un escrito hecho por el senador Ezequiel Padilla donde transcribió las declaraciones que había hecho el general Calles unos días antes cuando había sido visitado por él y otros senadores. En ellas censuró las divisiones al interior del partido, refiriéndose específicamente al ala de izquierda de la Cámara de Diputados y criticó la tolerancia del gobierno cardenista ante las huelgas ocurridas ese año.

El periódico El Nacional, órgano oficial del PNR, no publicó la entrevista ya que un día antes Matías Ramos, presidente del comité ejecutivo del partido le mostró el escrito a Froylán C. Manjarrez (director del periódico) para que lo publicara y éste, al conocer el contenido, notificó a Cárdenas quien pidió enseguida la renuncia a Ramos.

El general Calles recibió numerosas notas de apoyo de miembros de la clase política, mientras que obreros y campesinos protestaron ante la intromisión del “Jefe Máximo” y las críticas que hacía al gobierno e incluso varios sindicatos formaron el Comité Nacional de Defensa Proletaria (CNDP) en apoyo de Lázaro Cárdenas. Esta organización fue el antecedente de la Confederación de Trabajadores de México (CTM).

El 14 de junio se publicó en los diarios la respuesta de Cárdenas a las declaraciones de Calles. En ella el presidente hace hincapié en que no ha fomentado desde su posición las divisiones entre el grupo revolucionario, que las huelgas eran una “consecuencia del acomodamiento de los intereses representados por los dos factores de la producción…” y que tanto a los trabajadores como a los patrones les garantizaba el respeto de sus derechos. Pero lo más destacable de su comunicado fue que enfatizó su autoridad como jefe del Poder Ejecutivo.

Ese mismo día Cárdenas pidió la renuncia de todos los miembros de su gabinete y el 17 del mismo mes integró uno nuevo sin elementos del callismo y con Emilio Portes Gil en la presidencia del Comité Ejecutivo del PNR.

Hubo múltiples demostraciones de apoyo al presidente, y ante la agitación social, el general Calles anunció el 16 de junio su salida de la capital del país, la cual efectuó el 19 cuando partió rumbo a Mazatlán, para después dirigirse a Los Ángeles, California.

En los meses siguientes, el conflicto permaneció, aunque con menos intensidad, hasta el 11 septiembre de 1935, cuando se registró una balacera en la Cámara de Diputados en la que murieron dos legisladores de filiación cardenista, Manuel Martínez Valadez y Luis Méndez), por lo que al día siguiente se desaforó a 17 diputados callistas.

El conflicto se reavivó con el regreso de Calles a la ciudad de México el 13 de diciembre, acompañado de Luis N. Morones. Ese día declaró que había vuelto para “hacer la defensa del régimen callista contra los ataques de los seis últimos meses” (cita Luis Javier Garrido, en El Partido de la Revolución Institucionalizada. La formación del nuevo estado en México).

En el Senado se tomaron medidas para seguir eliminando a los callistas que aún quedaban en el aparato político; primero se desaforó a 5 senadores y se desaparecieron los poderes de los estados de Guanajuato, Durango, Sinaloa y Sonora, gobernados aún por allegados a Calles. En el ejército fueron destituidos de sus puestos los generales Joaquín Amaro, Manuel Medinaveytia Esquivel y José María Tapia.

El 17 de ese mes se anunció por medio del recién creado diario callista El Instante, que se había encargado de publicar las declaraciones del “Jefe Máximo”, que el resto de los periódicos se había negado, la conformación de un nuevo partido llamado Partido Constitucional Revolucionario, formado por quienes apoyaban al general Calles, que habían sido excluidos del partido y del gobierno.

La disputa entre el presidente Cárdenas y el “Jefe Máximo” Calles estaba tomando su rumbo definitivo:

El 22 de diciembre se realizó una gran manifestación en apoyo al gobierno de Lázaro Cárdenas, según cifras oficiales alcanzó un número de 80 mil asistentes.

Entrado el año de 1936, el 9 de enero se llamó a testificar a Calles por el contrabando de armas por Nogales, Sonora, ocurrido en 1915.

El 5 de abril, un tren que iba de Veracruz a la ciudad de México, fue dinamitado cerca de la estación de Paso Grande, muriendo trece personas. Cárdenas declaró al respecto: “Los llamados amigos del general Calles vuelven a reanudar las agitaciones en el país. Se registra la voladura del tren cerca de la Estación Orizaba, sobre la vía Veracruz, y se emprende una activa labor subversiva entre elementos del Ejército, labor que transmiten al Gobierno varios jefes y oficiales. El Gobierno dispone no se proceda contra ninguno.

El 9 de abril el general Rafael Navarro Cortina, comandante de las Fuerzas Militares del Distrito Federal, notificó a Plutarco Elías Calles la orden de su salida fulminante del país. Y al día siguiente, el “Jefe Máximo” abandona el país acompañado de Luis N. Morones, Luis L. León y Melchor Ortega.

Calles radicó en San Diego durante casi una década. Regresó sumamente enfermo al final del gobierno de Manuel Ávila Camacho y murió el 19 de octubre de 1945 en la ciudad de México.

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