BICENTENARIO DE MARIANO OTERO

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La creación del Juicio de Amparo fue obra del ilustre tapatío. Como senador, se opuso a la cesión de territorio nacional a los Estados Unidos

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Mariano Otero, jurista tapatío a quien se debe la creación del Juicio de Amparo.

En febrero de este año se cumplieron 200 años del nacimiento del jalisciense Mariano Otero, uno de los más importantes juristas mexicanos de la primera mitad del siglo XIX.

Fue el creador, junto con Manuel Crescencio Rejón, del Juicio de Amparo, el medio de defensa más importante para la protección de los derechos humanos reconocidos por el sistema jurídico mexicano frente a la actuación del Estado.

“En su persona se conjuga al hombre de pensamiento y acción. Desde su labor como académico, abogado, legislador, diplomático y servidor público, impulsó la forma republicana de gobierno, el federalismo, la división de poderes, la representación popular y el respeto a las libertades fundamentales, instituciones que constituyen los pilares del nuestro sistema constitucional”, afirma de Otero el ministro Luis María Aguilar Morales, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

UNA VIDA CORTA PERO BRILLANTE

José Mariano Fausto Andrés Otero Mestas perteneció a una generación de juristas, políticos y pensadores liberales del siglo XIX mexicano, que creaban y combatían con la pluma en tiempos de paz y de guerra, en momentos definitorios para la República.

Nació el 4 de febrero de 1817 en la ciudad de Guadalajara. Sus padres fueron José Ignacio Otero Patiño, médico de profesión, y Ana María Mestas Gamarra. Quedó huérfano a temprana edad y con el apoyo de José Luis Verdía, notable liberal jalisciense, estudió en el Instituto del Estado graduándose como abogado a los 18 años. Esta primera etapa de su vida la dedicó a actividades académicas y a la práctica de la profesión en el foro local. Fueron momentos de intensas lecturas y nutrida formación intelectual a la luz de filósofos, politólogos, economistas y sociólogos, europeos y norteamericanos.

Su incursión en la política inició en 1841 con el Plan de Jalisco impulsado por Mariano Paredes Arrillaga que tuvo como propósito desconocer el gobierno de Anastasio Bustamante. Al final de ese año fue nombrado delegado de su estado en el Consejo de Representantes de los Departamentos y en 1842 fue electo diputado al Congreso Constituyente de ese año, hecho que lo trasladó a la ciudad de México. Ese mismo año escribió su “Ensayo sobre el verdadero estado de la cuestión social y política que se agita en la República Mexicana”, considerada su más importante obra de análisis de la realidad nacional. Asimismo, en la capital de la República colaboró con el más importante periódico de su época: El Siglo Diez y Nueve.

A finales de 1842, se disolvió el Congreso Constituyente y las tropas ocuparon su sede. Al año siguiente, acusados de conspirar contra el gobierno de Antonio López de Santa Anna y su suplente Nicolás Bravo, fueron detenidos Manuel Gómez Pedraza y Juan Álvarez; también fueron apresados arbitrariamente durante algunas semanas Mariano Riva Palacio, José María Lafragua y el propio Otero.

En 1844 integró la Junta del Ateneo Mexicano junto con José María Tornel, José María Lafragua y Guillermo Prieto, presentando como disertación de ingreso sus Indicaciones sobre la importancia y necesidad de la reforma de las leyes penales, cuestión que lo ocuparía toda su vida; y fue nombrado Alcalde Tercero Constitucional de la Ciudad de México, cargo que desempeñó de 1844 a 1845.

En 1846 fue miembro del Consejo de Gobierno creado por el presidente Mariano Salas y se convocó a otro Congreso Constituyente donde participó al lado de personajes como Benito Juárez y Manuel Crescencio Rejón. Su atención se centró en tres aspectos: su oposición a la reforma propuesta por Valentín Gómez Farías, su preocupación ante la inminente guerra con Estados Unidos y la aprobación de su propuesta de Acta de Reformas.

El 5 de abril de 1847, Otero presentó su famoso Voto Particular al Congreso Constituyente que sentó las bases del juicio de amparo. En él se puede leer: “No he vacilado en proponer al Congreso que eleve a grande altura al Poder Judicial de la Federación, dándole el derecho de proteger a todos los habitantes de la República en el goce de los derechos que les aseguren la Constitución y las leyes constitucionales, contra todos los atentados del Ejecutivo o del Legislativo, ya de los Estados o de la Unión”.Esta idea quedó plasmada en el artículo 25 del Acta de Reformas en los siguientes términos:

“Art. 25.- Los tribunales de la Federación ampararán a cualquier habitante de la República en el ejercicio y conservación de los derechos que le concedan esta Constitución y las leyes constitucionales, contra todo ataque de los poderes Legislativo y Ejecutivo, ya de la Federación, ya de los Estados, limitándose dichos tribunales a impartir su protección en el caso particular sobre que verse el proceso, sin hacer ninguna declaración general respecto de ley o acto que lo motivare”.

También, ese año escribió sus “Consideraciones sobre la situación política y social de la República Mexicana en el año de 1847”, que en continuación a su Ensayo de 1842, analiza los problemas estructurales del país después de la invasión norteamericana.

Durante la guerra con los Estados Unidos, Otero insistió en continuar la batalla hasta alcanzar una paz justa que permitiera adoptar condiciones más favorables para el país, defendió la soberanía nacional y se opuso tajantemente a la enajenación de cualquier parte del territorio. Ello quedó patente el 25 de mayo de 1848 cuando fue uno de los cuatro senadores que votaron en contra del Tratado de Guadalupe Hidalgo. Días después fue nombrado Ministro de Relaciones Interiores y Exteriores por el presidente José Joaquín de Herrera, desde donde impulsó una serie de reformas en materia de gobierno y administración, gestionó la desocupación de las tropas norteamericanas de la aduana de Veracruz e implementó un fondo de repatriación de mexicanos.

“Otero fue el que ideó el proyecto a la defensa de los derechos y garantías de los ciudadanos ante la autoridad. Así surgió la formulación del Juicio de Amparo”.

MTRO. MARCO ANTONIO GONZÁLEZ MORA

División de Estudios Jurídicos del CUCSH

En 1849 presidió el Senado desde donde participó en la discusión de la Ley Constitucional de Garantías Individuales y la Ley Constitucional para el nombramiento de Ministros de la Suprema Corte de Justicia y, a partir de ese año, fue integrante de la Junta Directiva de Cárceles.

Murió prematuramente el 1 de junio de 1850, a la edad de 33 años, víctima del cólera que azotó a la ciudad de México. Sus restos fueron sepultados en el Panteón de San Fernando en el Centro Histórico de la capital, y desde 1982 reposan en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres en Guadalajara.

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